En el momento más difícil del gobierno de Lula el partido elude sus evidentes responsabilidades.
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Domingo, 07 de junio 2026

En el momento más difícil del gobierno de Lula el partido elude sus evidentes responsabilidades.
Editorial
El Partido de los Trabajadores acaba de pedir disculpas al pueblo brasileño por los casos de corrupción denunciados ante todo el mundo. En un comunicado con carga de dramatismo, el PT asegura sentirse indignado por los hechos y reconoce la implicancia en la red de sobornos de dirigentes del propio partido. Anuncia su vergüenza y da a conocer su desprecio ante tan condenables prácticas. Lo que no emite la pronunciación –lógicamente- es que su motivación pasa por el desacuerdo con la conducción del presidente más que por una verdadera necesidad de redención.
El pedido de disculpas emerge como si el PT no hubiese participado en el ascenso de quienes hoy dirigen el país. Como si no hubiese sido el germen político en el que tanto Lula como los principales dirigentes del gobierno formaron su carrera personal. Lo que sucede en realidad es que esta declaración está cargada de cinismo e hipocresía: el PT debe mirar hacia su propio centro y despreocuparse del perdón general que el pueblo reclamará oportunamente. Quienes emiten este discurso lo hacen movidos por la discrepancia sobre las orientaciones del gobierno más que por la sincera convicción del arrepentimiento.
La pregunta que emerge en este contexto es si hubiese sido posible tal declaración si Lula hubiese cedido ante la presión de la izquierda radicalizada. Si, en lugar de apuntalar una política de sensatez fiscal y buena administración se hubiese ocupado en implementar políticas dadivosas que no hacen sino reproducir la pobreza y ahondar la marginación. Pues no. Tal declaración no hubiese existido. El PT hubiese estado contento con el accionar populista y hubiese ignorado la falta de transparencia por la que ahora solicita el perdón. El PT está intentando salvarse de algo que el propio partido engendró y que no es capaz de asumir con la sinceridad que el deber histórico requiere.
No se intenta aquí redimir al gobierno. No intentamos liberar de la observación a la estructura de una administración implicada en la corruptela. No. Lo que estamos diciendo es que al partido le “conviene” salir con estas expresiones. Pero no porque así lo crea, sino porque se vio excluido de esa red. Porque los sectores radicalizados fueron cuidadosamente apartados y no intervienen en la toma de decisiones. Es esto lo que motiva el pedido de disculpas emitido en estas horas. Hubiese sido pertinente -y más honesto- pedir perdón por haber engendrado una serie de aprovechadores que erosionan hoy la legitimidad de toda una administración.
El signo más cuestionable del pedido de disculpas fue que éste se produjo mientras más de 15.000 personas se manifestaban frente a la Casa de Gobierno. Es decir, mientras la atención pública se situaba en el ardor de la condena social. Es en ese instante cuando el PT solicita el perdón y concluye que la práctica corrupta es verdaderamente despreciable para la práctica de Estado. Cuando intenta despegarse de la implicancia oficial. ¿Habrá olvidado el PT su indispensable aporte a la administración actual? ¿Tendrá tiempo para formular una autoexaminación?
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