Política

Las minas de estaño bolivianas “envejecen” por su agotamiento

El mayor auge de precios para el estaño encontró a Bolivia sin nuevas vetas y con el “envejecimiento” de sus minas luego de cuatro siglos de explotación.

Con los precios mundiales subiendo

“Los precios están altos y hay que aprovechar” el momento, comentó Vicente, un minero boliviano quebusca estaño en una mina exhausta. Como él, miles de mineros independientes trabajan en la precariedad, y en su frenética búsqueda dejan una secuela de contaminación en los campos.


La contaminación que dejan los residuos que se mezclan con las aguas de los ríos de la zona comienza a afectar a los campesinos que ven desaparecer los pastizales para sus animales.

“Las minas están envejeciendo y no han sido descubiertos nuevos yacimientos por falta de inversiones”, dijo a la AP el ex ministro de Minería, Guillermo Dalence.

El primer semestre del año las exportaciones de estaño fueron por 580 millones de dólares, casi 100 millones más que el año pasado en similar período. Aunque el valor de las exportaciones crecieron en 20% por las buenas cotizaciones, la producción cayó en 4,5% , según el Instituto Nacional de Estadística (INE), estatal.


El estaño del que Bolivia es el cuarto productor mundial se redujo en 39% y en 22% la plata en los primeros seis meses del año. Expertos atribuyen el desinterés a la inseguridad jurídica y a los conflictos, pero Dalence asegura que “en 20 años de dominio neoliberal no se invirtió en exploración”.


Con enormes recursos naturales, Bolivia sólo pudo captar el 0,5% de los 44.679 millones de dólares de inversiones que llegaron al continente el año pasado.


Después de nacionalizar los hidrocarburos el presidente Evo Morales pudo firmar un millonario contrato tras complicadas negociaciones con la siderúrgica india Jindal Steel and Power para la explotación de un rico yacimiento de hierro en el suroeste, con inversiones estimadas en 2.100 millones de dólares.


“En los peores momentos de los años 80, los mineros debían sacar hasta 10 libras de estaño para comprar carne y unos pocos alimentos. Ahora, el que saca más mineral puede ganar hasta 16.000 bolivianos”, unos 2.000 dólares, dice el minero Florencio Challapa. En 2001, el mineral se cotizaba en menos de 2 dólares la libra fina, hoy está a 7 dólares.


El “boom” ayudó a amortiguar el desempleo y pueblos fantasmas desde la crisis de los años 80, han vuelto a la vida. Unos 60.000 mineros son independientes y están asociados a cooperativas; otros 6.000 laboran en compañías privadas y 5.000 en una empresa del Estado que hasta 1985 era el mayor dueño de minas.


Lujosos vehículos 4×4 circulan por las estrechas calles y nuevas edificaciones se alzan en pocos días en la ciudad de Potosí, en el sur, que ha visto discurrir la plata de su cerro emblemático desde 1545.


Los buenos precios son una tentación incluso para jóvenes como Vilma Rojas, de 19 años, que dejó los estudios para picar la roca en la mina San José, en Oruro, a 160 kilómetros al sur de La Paz. Buena parte de los 400 mineros que trabajan allá están saliendo de la adolescencia.


Pero en esa mina, los depósitos de plomo, plata, estaño y zinc son cada vez más escasos, asegura Teófilo Miranda. Cuando tiene suerte saca hasta 40 kilos de roca mineralizada al día.


La disputa por vetas entre mineros provocó hace 13 meses un choque armado que dejó 16 muertos y 400 heridos en un rico yacimiento de estaño a 200 kilómetros al sur de La Paz y está alentando disputas entre camuneros y mineros.


También el estado busca una mayor tajada por la vía de un aumento tributario que las empresas y cooperativas rechazan. “Cada día el estado pierde dinero porque las empresas siguen pagando como cuando los precios estaban bajos”, dice Dalence. Según el Ministerio de Minería, de los 1.028 millones de dólares exportados el año pasado, el estado recibió 68 millones de dólares.


La minería ocupa el segundo lugar en exportaciones después de los hidrocarburos, pero también esconde otro potencial conflicto. Con buenos precios que podrían acabar en cualquier momento, se hace poco para atender la contaminación.


En Potosí, las aguas ácidas que salen de la mina se mezclan con el principal río que cruza la ciudad y desembocan valle abajo dejando en las orillas una mancha salina donde cerdos husmean su comida. Esa corriente alimenta el río Pilcomayo que discurre hacia Argentina.


En Oruro, los campesinos se quejan de haber perdido pastos y la pesca en lagos andinos es escasa, asegura Juan Carlos Montoya, docente de la Universidad Técnica (UTO), estatal.


De la mina San José, en el centro de la ciudad, afloran aguas ácidas por un canal abierto que se mezclan con aguas residuales urbanas que son arrojadas a una planicie al sur de la ciudad donde se ha formado un pantano sulfuroso a orillas del moribundo lago Uru Uru. En esas aguas negras, sin embargo, anidan flamencos andinos de hermoso plumaje rosado.


El campesino Erasmo Flores, ahora es albañil, y asegura que perdió más de 100 ovejas porque el pasto que crece en estas tierras de coloración ferrosa, es venenoso. “Ya no traemos aquí a nuestros animales”, dijo.


Desde esa planicie fangosa el viento esparce partículas de mineral que se han encontrado en los cabellos de la gente, comenta Montoya. Las cloacas emanan amoniaco y otras minas usan cianuro para recuperar oro en la zona.


El 90% de las cooperativas no cumplen normas ambientales. Las empresas privadas acatan algo mejor esas normas, afirmó Mario Velasco, director de la Unidad de Medio Ambiente del Ministerio de Minería.
 
“Todos hablan del medio ambiente pero hacemos poco para cuidarlo cuando están involucrados nuestros propios intereses”, comentó el funcionario.

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