Política

Lecciones para la Unión Europea en la Cumbre de Lima

La reciente Cumbre de Lima entre Unión Europea, América Latina y Caribe, ha vuelto a ser un ejemplo más de pompa y boato que de resolución de problemas inmediatos, tesis ésta que se pudo apreciar en lo abstracto y genérico de los temas que copaban la agenda (cambio climático, lucha contra la pobreza o desarrollo sostenible).


Tampoco el contexto previo invitaba al optimismo pues a las ya conocidas diferencias, muchas de ellas insalvables, entre algunos gobiernos de América Latina (Venezuela vs Perú, por poner un ejemplo puntual), se unieron otros episodios como el enfrentamiento de Hugo Chávez con la Canciller alemana Ángela Merkel o la difícil situación interna por la que atraviesan los ejecutivos de Argentina y Bolivia.

Además, algunos de los principales políticos europeos del momento como Brown, Sarkozy o Berlusconi, optaron por permanecer en sus respectivos países a fin de solucionar sus problemas domésticos, antes que viajar a Lima.

Con todo ello, la Cumbre ha evidenciado que la UE y América Latina son dos realidades políticas y económicas diametralmente distintas. Así, la primera optó en el pasado por la vía de la integración supranacional como medio para poner fin a sus contiendas nacionalistas que habían degenerado en dos guerras mundiales. Sin embargo, en la segunda, las iniciativas de este tipo no sólo no han prosperado, sino que es complicado que lo hagan debido especialmente al predominio de gobiernos de izquierda (muchos de ellos con el apellido de neopopulista) que impulsan y practican una verborrea anti-capitalista y anti-libre mercado, que les alejan de uno de los leit-motiv principales del proceso de construcción europea.

A este argumento se une otro hecho no menos importante: mientras en Europa la tendencia es liberalizar, en Latinoamérica es nacionalizar. Esto se traduce en que el Estado acumula cada vez más competencias en todas las esferas y se convierte en el definidor último de lo que es el bien y el mal. En este sentido, U.E debería prestar más atención a este tipo de desarrollos pues debemos tener siempre presente que son contrarios a la libertad y al discurso democrático que desde Bruselas se promociona.

En definitiva, es importante que desde la UE se estimulen las relaciones con aquellos países que sí apuestan decididamente por el libre comercio, como son los casos de Perú, Chile o Colombia, en los cuales puede encontrar interlocutores válidos en la región. Por el contrario, deberá subordinar a aquellos como Bolivia o Venezuela, que no tienen interés en fomentar el libre mercado y si por el contrario, utilizan estas cumbres para hacer llegar su mensaje, más sonoro que lleno de contenido, centralizador y victimista.

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