Política

Liberia inicia el difícil camino hacia las elecciones (I)

“Bajo auspicios de Naciones Unidas y en un entorno turbulento, la república independiente más antigua de África irá a las urnas en octubre.Grandes extensiones de Liberia – en especial sus fronteras – continúan bajo el control de excombatientes, mafias y empresas clandestinas involucradas en el comercio ilegal de sus recursos naturales, el tráfico de armas y la extorsión a viajeros.”

Democracia

 


 


El 6 de
diciembre de 2004 Global Witness
una ONG con sede en Londres, cuyo objetivo primordial es revelar vínculos entre
la explotación de recursos naturales, conflictos bélicos y violaciones de
derechos humanos – sometió un interesante documento al Consejo de Seguridad de
las Naciones Unidas sobre Liberia. 1


 


El escrito
muestra un de
tallado
conocimiento de la coyuntura política, económica y social del país, y manifiesta
que a pesar del progreso hacia la paz logrado por el gobierno nacional liberiano
de transición (NTGL), establecido hace año y medio tras el exilio del presidente
Taylor, la situación global sigue siendo precaria. Y todo ello aunque la misión
de las Naciones Unidas, UNIMIL, presente en Liberia desde el final de la guerra,
cuente con un contingente de 15.000 soldados – uno de sus mayores
despliegues  actuales – y un
presupuesto de $864 millones.


 


Grandes
extensiones de Liberia – en especial sus fronteras – continúan bajo el control
de excombatientes, mafias y empresas clandestinas involucradas en el comercio
ilegal de sus recursos naturales, el tráfico de armas y la extorsión a viajeros.
Además, el NTGL ha sido incapaz de implementar reformas de buen gobierno e
imponer su autoridad mucho más allá de la capi
tal, Monrovia.



Aunque
parte de la anarquía obedece a falta de fondos para pagar sueldos atrasados a
funcionarios, reclutar a personal adicional y desarrollar infraestructuras
mínimas, la carencia de transparencia financiera del gobierno interino, así como
su reticencia hacia las auditorías externas han minado su credibilidad ante un
pueblo hastiado de corrupción, y la comunidad internacional donante.


 


Demoras en
el diseño, financiación e implementación de planes de rehabilitación (aunque
oficialmente el programa DDRR de desarme y desmovilización haya concluido), así
como el insuficiente despliegue de policías y militares en algunas zonas
fronterizas o del interior, y las lamentables condiciones en campamentos de
excombatientes, han dado lugar también a serios disturbios e incluso a presuntos
reclutamientos para  nuevas luchas
armadas en Costa de Marfil.


 


Los
recursos naturales han jugado un papel crítico alimentando 14 años de conflicto
tanto en Liberia como en los estados vecinos de Sierra Leona, Guinea y Costa de
Marfil. Es por ello que tanto Global Witness como un consorcio de 13 ONGS
liberianas proponían a la ONU mantener los embargos existentes a las
exportaciones y transportes de madera y diamantes liberianos, así como las
sanciones contenidas en las resoluciones 1478, 1521 y 1532 del Consejo de
Seguridad hasta que dichos recursos pudieran ser controlados legalmente, fuera
del alcance de  entidades ilícitas y
facciones bélicas.


 


Es
significativo que instituciones nativas e incluso innumerables ciudadanos –
según diversas encuestas – aprueben estas sanciones y exijan al gobierno de
transición  mayor transparencia  y responsabilidad de cara a las próximas
elecciones generales previstas para finales del presente año. Semejante madurez
política es reflejo de 25 años de combates que supusieron  más de 200.000 muertos y millón y medio
de gentes desarraigadas (de una población to
tal cercana a
los tres millones) en una nación que durante los 60 llegó a considerarse modelo
de desarrollo en África occiden
tal.


 


¿Qué
sucedió para que este país, rico en recursos hidráulicos, minerales,
fores
tales y   agrícolas, el cual durante décadas
fuera un importante exportador de madera, caucho, hierro y diamantes, así como
un principal pabellón de conveniencia para buques, se viera reducido a
tal lamentable
condición?


 


Evaluación 
retrospectiva de un país en
crisis


 


En 1820 un
barco cargado de negros americanos, nacidos libres, zarpó desde Nueva York hacia
la costa occiden
tal africana,
en pos de una nueva patria donde pudieran reencontrar sus raíces. El éxodo era,
en gran medida, fruto de las acciones de la American Colonisation Society – una
extraña alianza entre filántropos antiesclavistas norteamericanos y propietarios
de esclavos sureños, quienes consideraban que los negros liberados constituían
una perjudicial influencia para los de sus propias
plantaciones.


 


En 1821
compraron tierras en la entonces llamada Tierra del Grano a caciques
locales  y se llamó al asentamiento
Monrovia (en homenaje al presidente J. Monroe) y a la colonia
Liberia.


 


26 años más
tarde, ésta se proclamó república independiente, adoptó una constitución
inspirada en la americana con el liberoamericano Roberts como primer presidente,
y ensanchó su territorio mediante compras adicionales o por la
fuerza.


 


Hacia el
año 1860, Liberia contaba ya con unos 20.000 emigrantes afroamericanos, mas
desde el comienzo se produjeron conflictos con los nativos, quienes nunca
simpatizaron  con unos colonos de su
mismo color pero de habla y costumbres europeas, que además se consideraban
superiores. Éstos pronto constituyeron la clase dominante, estrechamente ligada
a los capi
tales
transnacionales que llegaron a asociarse con el caucho, el hierro y los
diamantes mediante concesiones, el respaldo politico-militar estadounidense y la
adopción del dólar americano en 1943 como moneda nacional.


 


Al
descubrimiento de recursos naturales se unió el uso del pabellón liberiano para
el abanderamiento de buques y todo ello conllevó un crecimiento económico que
llegaría a calificarse de “milagroso”. Pero el desarrollo favoreció
principalmente a los descendientes de los esclavos americanos (un mero 5% de la
población) que ostentaban el poder y no a los africanos, que a su vez estaban
divididos en unas 30 etnias (Kpelle, Bassa, Gio, Kru, Krahn, Mandingo, Grebo, y
Belle, entre otras).


 


En 1944
William Tubman fue elegido presidente. Pero su longevo gobierno se tornó más
represivo en años subsiguientes con motivo de las crecientes exigencias de las
tribus indígenas que se consideraban excluidas económica y políticamente –
dentro de un sistema de partido único, clasista y de explotación de nativos que
alimentaba los odios étnicos. Y la situación empeoró durante la recesión
económica que coincidió con el mandato de su sucesor Tolbert (elegido en 1971),
quien provocó graves disturbios generales en 1979 al intentar aumentar el precio
del arroz importado – alimento de subsistencia para
muchos.


 


Un año
después, el sargento Samuel Doe – liberiano nativo de la etnia Krahn – derrocó a
Tolbert en un sangriento golpe de estado durante el cual éste y otros
componentes del gobierno fueron bru
talmente
ejecutados. Sin embargo, el entusiasmo inicial derivado del hecho de que el
primer africano “genuino” arrebatara el poder supremo a los omnipresentes
afroamericanos, pronto se vio enturbiado por su conducta tiránica y el
favoritismo hacia los miembros de su propia tribu. La prohibición de partidos
políticos y suspensión de la constitución, la corrupción, la decadente coyuntura
económica y fuga de capi
tales, así
como los abusos del ejército hacia civiles 
de otras etnias agravaron la situación.


 


No
obstante, Doe contaba con el respaldo de los EE-UU que disponía de bases
militares y otras infraestructuras de inteligencia en Liberia – durante una
época en la cual los americanos consideraban imperativo contrarrestar la
influencia de la URSS y Cuba en Angola y otros estados
africanos.


 


Las
acciones barbáricas del dictador obligaron a multitudes a refugiarse en Costa de
Marfil, donde Charles Taylor – un exfuncionario afroamericano expulsado de
Liberia por corrupción y que junto con su aliado, Foday Sankoh, habría sido entrenado en campamentos
libios desde los cuales en los 80 Gadafi exportaba sus ideas de revolución –
preparaba un ejército de invasión.


 


Entre 1980
y 1989, Doe aplastó nueve intentonas golpistas y ya en 1985 – para darle forma
legal a su régimen – convocó elecciones presidenciales asociadas  no obstante con denuncias de fraude y
encarcelamiento de líderes opositores. El descontento general continuó y cuando
en 1990 Charles Taylor (dirigente del llamado Frente Patriótico Nacional)
invadió el país, muchos liberianos pasaron a engrosar sus filas.


 


Tras meses
de duros combates, se inició la ba
talla por
Monrovia durante la cual el contingente rebelde se dividió, surgiendo un frente
independiente dirigido por Prince Johnson, cuyas tropas mataron a Doe en
septiembre de aquel año después de ser salvajemente torturado. En la confusa
situación posterior se proclamaron simultáneamente presidentes interinos:
Taylor, Johnson, Sawyer y Seekie (este último ex jefe de la guardia presidencial
de Doe), lo cual desencadenó una terrible guerra civil que desplazó a centenares
de miles de personas de sus hogares y de la que, años más tarde, Taylor saldría
vencedor.


 


Los
analistas internacionales del momento – y el propio Doe antes de su trágico fin
– pensaban que los EE-UU acudirían en rescate del régimen, pero la
administración Bush ya tenía sus miras puestas en Irak, así como en otros
escenarios y se limitó a desalojar al personal de su embajada. Así las cosas,
los esfuerzos subsiguientes por finalizar la guerra correrían  por cuenta de ECOMOG, las fuerzas
pacificadoras de ECOWAS (la Comunidad Económica de los Estados de África
Occiden
tal) que se
desplegaron en la zona.


 


Los  tímidos acuerdos de paz de Abuja (agosto
de 1995) en la práctica, reconocieron a Taylor como presidente no electo y
cuando se celebraron elecciones en 1997 (calificadas por algunos de engañosas
pese a contar observadores de la ONU)  éste obtuvo el 75% del voto. Pero desde
entonces, además de cometer barbaridades similares a las del régimen anterior,
Taylor se dedicó a financiar a movimientos guerrilleros de Sierra Leona, Guinea
y Costa de Marfil, empleando para ello los recursos naturales nacionales con el
fin de  controlar toda la región. A
esa conclusión llegaron los EE-UU y la ONU por lo que, al embargo de armas que
ya se decretara en 1992, se añadieron posteriormente sanciones sobre el comercio
de diamantes en marzo del 2001 (resolución 1343) para estrangular las finanzas
de Taylor y otras medidas incluyendo una sobre la madera, la cual también
constituía una principal fuente de ingresos (resoluciones 1478 y 1521 de
2003).


 


La
efectividad de las sanciones es limitada en situaciones de beligerancia y en
escenarios como éste pero su aplicación, así como la presión progresiva ejercida
por EE-UU, la UE, la comunidad internacional, y la posterior transformación del
mapa político regional se encargarían de desembarazarse de Taylor más adelante.
Este último factor sería determinante cuando los gobiernos de los estados
limítrofes finalmente emplearan sus mismas técnicas.


 


En el
interim, Sakoh, había dirigido su atención a Sierra Leona donde un gobierno
corrupto apoyado por los militares se mantenía en el poder. Tras fundar el
Frente Unido Revolucionario (RUF), reclutó a soldados y en 1991 – con ayuda de
Taylor – provocó una guerra civil que degeneró en una lucha por el control de
los yacimientos de diamantes del país. Con el tiempo, el RUF cayó bajo el
dominio de jóvenes milicianos – muchos de ellos niños-guerreros reclutados a la
fuerza – sin disciplina alguna y adictos a las drogas, mientras que la conducta
de Sakoh se tornaba más bru
tal.


 


En 1997, un
golpe de estado que derrocó al presidente Kabbak de Sierra Leona fue apoyado por
el RUF, pero posteriormente este último dirigió una cruel campaña contra todos
aquellos sospechosos de ser partidarios del depuesto presidente, con saqueos,
mutilaciones, violaciones y asesinatos a gran escala que escandalizaron a la
comunidad internacional, hasta que en 1998 Kabbak recuperó el poder con ayuda de
ECOMOC.


 


Los hechos
provocaron éxodos masivos de rebeldes partidarios del RUF y de refugiados a
rebosantes campos de acogida ubicados más allá de las fronteras, en Liberia y
Guinea. No obstante,
tales
movimientos de guerrillas, aterrorizados civiles y tropas
gubernamen
tales en pos
de éstos, se producían en diversas direcciones con el transcurso del tiempo
entre los tres países – según dictaban 
los acontecimientos – dentro del contexto de un descontrolado tablero de
ajedrez.


 


Así pues,
en 1999 Liberia y Guinea – cuyos gobiernos presididos por Charles Taylor y
Lasana Conté respectivamente estaban en beligerancia – enviaron simultáneamente
tropas al territorio contrario en supuesta persecución de rebeldes, que ambos
alegaban recibir apoyo del otro. Y un año más tarde, efectivos de Sierra Leona y
Liberia atacaban a 400.000 refugiados liberianos y sierraleoneses, que se
hallaban atrapados en la parte de Guinea próxima a Liberia y Sierra leona con el
ejército Guineano a sus espaldas. Las Naciones Unidas y la comunidad
internacional no podían permanecer al margen de una situación que amenazaba  con hacer temblar los cimientos del
África Occiden
tal.  

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