Democracia
Los golpes de estado en África occidental ciertamente no son atípicos, y Mauritania -esa escasamente poblada república islámica ubicada al sur de Marruecos y al norte de Senegal que figura entre las naciones más pobres del planeta- no ha sido ajena a los mismos en las últimas décadas. Sin embargo, el último de ellos, acontecido el pasado 3 de agosto y precedido por diversos frustrados intentos en los dos años precedentes, no solo ha tenido éxito sino que ha coincidido con el reciente descubrimiento de cuantiosos yacimientos de oro negro en esta ex colonia francesa.
Como además ha coincidido con un aumento en los intereses políticos y económicos de EE-UU en esta subregión africana del Sahel donde Francia se esfuerza por recuperar su perdido protagonismo, y con la proliferación de corrientes islámicas –algunas presuntamente vinculadas al terrorismo safalita y wahabita- ciertas fuentes han señalado estos factores como causas de inestabilidad interna que han contribuido al derrocamiento del presidente Maaouya Taya. Otras han puesto más énfasis en el descontento general progresivo hacia un régimen totalitario corrupto y unipartidista, o a las pretensiones de poder y riqueza entre las diversas facciones políticas, étnicas y tribales que se han “disparado” con motivo del descubrimiento de petróleo en el país. Y es que para algunos observadores, el golpe de estado “despedía cierto olor a hidrocarburos”.
La búsqueda en Mauritania de reservas petrolíferas asequibles y rentables comenzó en 1998 cuando el gobierno otorgó concesiones “off-shore” (mar adentro) a Dana Petroleum, en consorcio con Hardman, Woodside y British Borneo Oil & Gas. En 2001 se descubrieron yacimientos en alta mar a unos 800m de profundidad, a 90 Km. de la capital Nouakchott, en el llamado campo de Chinguetti -cuyas reservas se estimaban en unos 120 millones de barriles. Y actualmente se calcula que hacia marzo de 2006 podrían extraerse inicialmente unos 75.000 barriles/día. En vista de tales desarrollos, la australiana Woodside posteriormente comunicó su intención de invertir unos $600 millones en esta explotación.
A unos 30kms al norte de Chinguetti, la también australiana Fusion Oil anunció recientemente el descubrimiento de nuevos yacimientos de crudo y gas en Tiof a unos 1200m de profundidad, que podrían suponer otros 100 millones adicionales de barriles. Y alentadas por tales resultados, otras petroleras internacionales han tomado posiciones en un país donde según los cálculos más optimistas podrían existir unas reservas totales de más de 1.000 millones de barriles y 30.000 millones de m3 de gas en los subsuelos marinos y del Sahara.
La francesa Total, la británica Premier, la española Repsol, la China National Petroleum Company y la mauritana Roc Oil, son algunas de las petroleras que han obtenido permisos de exploración hasta la fecha. Haliburton, de EE-UU, también está presente y se espera la llegada de más pesos pesados a este extenso país desértico, que con una población de apenas 3 millones y un PIB de tan solo $1.100 millones, se unirá el año que viene al club de países africanos exportadores de oro negro.
Pero mientras las multinacionales realizaban sus operaciones exploratorias, la oposición interna a Taya se acentuaba, incluyendo la de partidos políticos, grupos islamistas y otros detractores del régimen. Todos ellos estaban al parecer preocupados de que esta nueva fuente de petrodólares –la cual podría suponer al precio actual del barril de crudo más del 50% del valor de las exportaciones tradicionales de pescado y hierro de Mauritania- beneficiara tan solo a la clase dirigente, aumentando las disparidades sociales en una nación caracterizada por la inestabilidad, pobreza, tensiones étnicas entre negros y árabes, amén de un islamismo en plena expansión. Y, lo que es peor: se temía que los ingresos adicionales procedentes del petróleo ayudaran a que el dictador se perpetuara en el poder.
Por eso, cuando llegó el golpe de estado del 3 de agosto, semejante acontecimiento no causó excesivas sorpresas. En dicha fecha, el mandatario –que había alcanzado la presidencia por idéntica vía en 1984 aprovechando el viaje de su antecesor Mohamed Haidilla a Burundi a una cumbre franco-africana –sufrió la misma suerte estando éste ausente en Arabia Saudita en los funerales del rey Fahd.
Pero a diferencia de los fallidos intentos anteriores perpetrados por grupos aislados de militares -que ya reflejaban el hastío general de la población y de los partidos políticos hacia un presidente acusado de manipular los resultados electorales de los años 1992, 1997 y 2003 y, de perseguir y encarcelar a sus opositores “etiquetándoles” de terroristas islámicos- ésta vez las fuerzas armadas actuaron al unísono y con eficacia. En cuestión de horas tomaron las riendas del gobierno sin derramamiento de sangre.
Se dice que una de las claves de tal unanimidad radica en que el golpe ha contado con el beneplácito del Director General de la Policía, el Coronel Ely Mohamed Vall, hombre muy cercano a Taya, y curiosamente máximo responsable del aplastamiento de las intentonas golpistas previas. Y para sendos analistas, su participación sugiere que el derrocamiento obedece más a la propia conducta imperiosa del presidente que a una revolución de índole ideológica. Dicen que el golpe se gestó dentro del propio régimen y fue motivado por una creciente desconfianza de Taya -tras los últimos fallidos golpes- incluso hacia sus más allegados y por su progresivo despotismo en la toma de decisiones, factor que le hizo perder finalmente el apoyo de éstos.
En un comunicado público tras el golpe, la nueva junta militar -que ostenta ahora el poder bajo el mando de Vall- anunció que las fuerzas armadas y de seguridad habían decidido unánimemente poner fin a las prácticas totalitarias de un régimen que había oprimido cruelmente al pueblo en los últimos años. La cúpula, que se hace llamar el Comité Militar por la Justicia y la Democracia, también expresó su intención de crear instituciones transparentes y democráticas, y de celebrar elecciones presidenciales dentro de un plazo máximo de dos años, precedidas por un referéndum. Y el coronel Vall, hombre de pocas palabras, en una de sus escasas declaraciones dijo que él no era partidario de los golpes de estado pero que en esos momentos había que optar entre derrocar a Taya o caer en el caos. Por lo demás, los comunicados de los militares no han sido muy reveladores.
Dado el grado de hermetismo que rodea a la junta, la especulación en cuanto a los motivos del golpe se ha disparado. Algunas fuentes han señalado al establecimiento de fuertes vínculos del depuesto presidente con Israel y EE-UU en los últimos tiempos -de cara a obtener mayor reconocimiento y apoyos internacionales- como motivo de malestar general entre la conservadora población islámica de la doctrina sunni, lo cual habría contribuido en gran medida a la rebelión. Y varias añaden que el hecho de que durante los últimos 4 años los EE-UU hayan empleado Mauritania como base para recopilar inteligencia sobre las actividades de islamistas en el África subsahariana próximos a Al-Qaeda, ha creado tensión con los países vecinos. Esto último es debatible e incluso improbable, teniendo en cuenta que los estados vecinos también forman parte del plan denominado “Transaharian Counterterrorism Initiative” patrocinado por EE-UU, con un presupuesto de $500 millones, dirigido a erradicar al terrorismo islamista de esta zona.
El que Mauritania sea el único país árabe que haya reconocido oficialmente a Israel –con la excepción de Egipto y Jordania- ha sido interpretado como otro catalizador de la crísis, máxime cuando el gobierno tenía ya previsto comenzar a exportar petróleo al estado hebreo el año próximo. De hecho, algunos partidos opositores parecen defender la idea de que la ruptura con Telaviv es necesaria para evitar que el fundamentalismo se convierta en un mal real.
Mauritania, en efecto, ya parece ser territorio fértil para el islamismo radical: a juzgar por el presunto desmantelamiento de una célula de Al-Qaeda el pasado mes de mayo, el sangriento ataque en junio a una unidad del ejército mauritano en Lemgheity reivindicado por el Grupo Safalista para la Predicación y el Combate argelino, y la proliferación de múltiples grupos islamistas endógenos que podrían tener contacto con elementos integristas externos.
Sin embargo, hoy día, el fundamentalismo violento también existe en otros países musulmanes que no mantienen relaciones diplomáticas con Israel. Y si bien éstas tampoco han beneficiado al clima interno del país, es probable que la dura represión del gobierno de Taya contra el movimiento islamista mauritano de los últimos años, la cual se extendió a algunos partidos políticos y a otros “molestos” opositores del régimen haya resultado ser aun más dañina.
Los detractores universales del “Imperialismo Americano” declaran que lo que más le interesa a los EE-UU es el petróleo mauritano que se halla principalmente en los yacimientos offshore, y que constituye un conjunto estratégico de reservas -fuera de la peligrosa ruta del canal de Suez- que solo tiene que cruzar el Atlántico en caso de conflicto en el Golfo Pérsico. A juicio de ellos, esto explicaría el interés norteamericano en la estabilidad política de la zona en defensa de sus intereses comerciales, y también el desarrollo de un progresivo sentimiento popular antiamericano que habría ayudado a precipitar los acontecimientos del 3 de agosto. Es decir, que en sus esfuerzos por aportar estabilidad al país, los americanos habrían logrado el efecto contrario.
Para muchos, esta hipótesis sumada al descontento de los islamistas por los lazos existentes con Israel, las hambrunas características del país, la corrupción y favoritismos de Taya hacia unos cuantos y sus pretensiones de seguir como presidente de por vida, así como la falta de transparencia financiera gubernamental y la presunta discriminación hacia las etnias negras del sur por parte de las poblaciones árabes-bereberes, explicarían el golpe.
Al margen de las causas detrás del mismo, la Unión Africana (UA), los EE-UU y la UE condenaron inicialmente el derrocamiento de Taya, y el secretario general de la ONU, Kofi Annan emitió un comunicado en el que expresaba su profunda preocupación por la situación. La UA, cuyo cargo presidencial ejerce actualmente el presidente Obasanjo de Nigeria ya ha dejado claro que Mauritania queda excluida del organismo supranacional y que no será readmitida hasta que se celebren elecciones democráticas. ¡Como si éstas hubieran existido bajo el régimen anterior o constituyeran práctica habitual en muchos de los estados miembros de la UA!
Pero la iniciativa de la junta fue recibida con júbilo en Nouakchott por la población y los partidos opositores que se han visto excluido del juego político durante largo tiempo –especialmente tras la puesta en libertad de centenares de presos políticos. Al parecer, lo que más agradó a los escépticos fue el compromiso anunciado por la junta de que ninguno de sus miembros podría presentarse a las elecciones democráticas venideras. Y ello, añadido a la aparentemente sólida unidad del ejército, constituyó el principal argumento mediante el cual la cúpula militar evitó el aislamiento diplomático internacional en la serie de entrevistas que entabló con las embajadas extranjeras tras el cambio.
Las petroleras presentes en el país también han recibido garantías por parte de la junta de poder seguir adelante con sus actividades, y se ha asegurado a la comunidad occidental sobre las firmes intenciones del nuevo régimen de no introducir cambios en la política exterior mauritana, aparte de seguir combatiendo al terrorismo islamista.
Excepto el partido político del depuesto Taya, todos los demás -desde los progresistas hasta los de corte islámico han legitimado el golpe, aunque con ciertas reservas. Y es que a algunos les parece sospechosamente exagerado el plazo de dos años para la celebración de los comicios, y desconfían de que Mohamed Vall y los demás miembros de la junta hayan formado parte de un régimen al que ahora condenan.
La inclusión de numerosos antiguos altos cargos de Taya en el nuevo gobierno de transición también levanta sospechas dentro del país, aunque la diplomacia internacional pueda haberlo interpretado como cierta garantía de continuidad y haya suavizado su postura hacia los golpistas. Así pues, el que fuera embajador de Mauritania en Francia, Sidi Mohamed Bubacar –personaje al parecer también muy próximo a Taya- ahora ocupa el puesto de primer ministro, y el ministro de asuntos exteriores del régimen anterior, Sidi Ahmed, repite cartera. Sin embargo parece ser que el poder real lo siguen ejerciendo los 17 miembros de la junta militar, y falta por ver si sus promesas electorales verán la luz dentro de los tiempos estipulados.
Ahora bien, si la iniciativa de la junta no ha sido “un mero gambito por eludir el cambio” y sus motivos de instituir la democracia en el país son genuinos, aún así el gobierno transitorio tendrá que navegar con precaución a través de las diversas corrientes islámicas existentes, distinguiendo a las foráneas de naturaleza violenta de las domésticas de índole pacífica. Y todo ello sin alarmar a Occidente, que ya tomó nota de que entre los presos liberados tras el golpe figuraban diversos activistas islámicos, y tampoco olvida la dramática crísis argelina de los años 90.
Además, la junta va a tener que afrontar muchos problemas tales y como la tradicional corrupción del país, las reivindicaciones de grupos defensores de los negros como las FLAM, y de los diversos partidos políticos que compiten por el poder dentro un escenario en el que ha hecho acto de presencia el preciado oro negro, con todo lo que ello conlleva.
El autor es graduado en Económicas y Estudios Internacionales por la Universidad de Warwick, Reino Unido. Su email es: nicoaikin@hotmail.com
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