Con la presencia de multitudes tanto en actos solemnes como en fiestas callejeras, toda Europa festejó ayer el 60 aniversario de la derrota de la Alemania nazi y el fin de la guerra más devastadora que haya conocido el Viejo Mundo. George W. Bush rindió homenaje a sus compatriotas caídos en la Segunda Guerra Mundial, en un cementerio holandés para luego dirigirse a Moscú, en donde se entrevistará con el presidente ruso, Vladimir Putin.
Bush llegó ayer a Moscú y fue recibido por Vladimir Putin
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, aseguró ayer que su país y
Europa “trabajan todavía juntos para llevar la libertad allí donde es negada”,
mientras su colega alemán, Horst Koheler, dijo que Berlín mira “con horror y
vergüenza” la Segunda Guerra Mundial.
Bush, quien llegó ayer a Moscú,
visitó en Holanda el cementerio de guerra de Margraten, en el marco de las
ceremonias por el 60 aniversario del triunfo de los países aliados sobre las
tropas de Adolf Hitler. El presidente norteamericano, tras su paso por Riga,
Letonia, en el segundo tramo de su gira europea, trazó una comparación entre la
alianza de países en la Segunda Guerra Mundial y las invasiones a naciones como
Irak y Afganistán, en la llamada “guerra contra el terrorismo”.
Frente a
8.301 cruces blancas de soldados norteamericanos muertos en batalla, Bush
aseguró que “libertad es patrimonio de toda la humanidad”. En tanto, Koehler
advirtió hoy que su país observa con “horror y vergüenza la Segunda Guerra
Mundial desencadenada” por Berlín, y afronta “la responsabilidad de tener vivo
el recuerdo de todo el dolor” para que “no se repita nunca
más”.
Rusia y Moscú acuden a las
celebraciones
En Moscú, se congregaron veteranos de
guerra rusos a la espera de las ceremonias del lunes, a las cuales han
comprometido su asistencia decenas de dignatarios extranjeros, entre ellos Bush.
Rusia, con 26 millones de muertos entre militares y civiles, pagó un
precio más alto que cualquier otro país por la agresión de Adolfo Hitler. Unos 6
millones de judíos fueron asesinados durante la guerra, que cobró 50 millones de
vidas en total. China y Polonia también sufrieron enormes bajas, lo mismo que
Alemania, Japón, Gran Bretaña, Francia, Italia, Estados Unidos y muchos otros
países. En contraste, unas 10 millones de personas murieron en la Primera Guerra
Mundial, de 1914-1918.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, afirmó
ayer que el nazismo, el extremismo y el terrorismo son “amenazas que se nutren
de la misma fuente ideológica”, al inaugurar una reunión de los líderes de la
Comunidad de Estados Independientes (CEI). El jefe del Kremlin recalcó que las
nuevas generaciones deben conocer la verdad de los acontecimientos ocurridos
durante la última conflagración mundial. “Conocer esta verdad confiere inmunidad
interna ante la propaganda del extremismo y la xenofobia, de la intolerancia
étnica y religiosa.
Esto, a fin de cuentas, permite impedir la
repetición de conflictos y guerras basadas en el genocidio o la supremacía de
raza sobre otra”, recalcó. En la cumbre la CEI participan nueve de los once
jefes de Estado de los países que integran esta organización comunitaria
postsoviética.
Georgia declina la
invitación
El presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili,
declinó la invitación a Moscú, tanto a la cumbre de la CEI como a los actos
conmemorativos del 60 aniversario de victoria sobre la Alemania nazi, por la
falta de acuerdo con el Kremlin sobre la retirada de las dos bases militares que
Rusia mantiene en el territorio georgiano. Ilham Alíev, el presidente de
Azerbaiyán, se negó a participar en la cumbre comunitaria, pero por otro
motivos: también un 8 de mayo, pero de 1992, tropas armenias capturaron la
ciudad azerbaiyana de Shushá en el diputado enclave de Nagorno Karabaj.
“En un día que está inscrito con letras de sangre en la memoria
histórica de nuestro pueblo, el, presidente de Azerbaiyán no puede participar en
un evento al que asiste el presidente de un Estado agresor, Armenia”, dijo
Alíev, quien llegará a Moscú mañana sólo para asistir a los actos conmemorativos
del aniversario de la Victoria.
Las
celebraciones en la ciudad derrotada
En Berlín, Schroeder
y el presidente alemán Horst Koehler asistieron a un servicio religioso en la
catedral antes de la colocación de una ofrenda floral en un monumento a las
víctimas del nazismo y la guerra. Muchos alemanes consideran que la victoria
aliada liberó a su propio país de la tiranía nazi.
Pero cientos de
partidarios de una agrupación de extrema derecha planeaban realizar un acto de
protesta contra el “culto de la culpabilidad” que, dicen, le impusieron las
potencias vencedoras a la nación. La policía berlinesa extremó las medidas de
seguridad en previsión de la marcha del Partido Nacional Demócrata, que convocó
a cientos de jóvenes vestidos de negro y con las cabezas rapadas que portaban
banderas rojas, blancas y negras, los colores de los nazis y la Alemania
imperial.
En Alemania, por su parte, miles de berlineses evocaron hoy,
ante el monumento a los soldados soviéticos y otros sitios históricos, el
momento en que el Ejército Rojo izó su bandera sobre el Reichstag, y recordaron
a los caídos en el golpe final al nazismo.
El parque de Treptow, en el
antiguo sector este de Berlín, se pobló de banderas rojas con la hoz y el
martillo, salpicadas con otras del Partido Comunista Alemán (KPD) y del
poscomunista Partido del Socialismo Democrático (PDS), en un homenaje a los
soldados soviéticos enterrados en ese lugar.
La imponente estatua, de 30
metros de alto y 70 toneladas, de un soldado soviético con una niña berlinesa en
brazos y aplastando con su espada una cruz gamada, congregó a sus pies a
berlineses y veteranos llegados de la antigua Unión Soviética (incluidos
Uzbekistán, Kazajistán y Kirguizistán).
“Rendimos homenaje hoy a quienes
hicieron posible la victoria de la civilización sobre la barbarie y el
fascismo”, dijo el embajador ruso, Vladímir Kotenev, mientras los berlineses
depositaban claveles rojos y tulipanes junto a las coronas de flores
institucionales.
Bajo la estatua de Treptow, el mayor monumento de Alemania
al Ejército Rojo, yacen 7.000 soldados soviéticos, de los 30.000 caídos en
Berlín. El mausoleo fue construido con placas de granito de la cancillería de
Hitler, en algunas de las cuales hay citas de Stalin.
También en París y en Londres
La victoria
aliada fue celebrada también en París y Londres. El presidente francés Jacques
Chirac depositó una ofrenda en la tumba del soldado desconocido en el Arco del
Triunfo, mientras que en Londres, el príncipe Carlos rindió un homenaje similar
en el Cenotaphe, un lugar en memoria de la guerra en pleno centro de la capital.
En Reims, donde Alemania firmó su rendición en la madrugada del 7 de mayo de
1945, la ministra francesa de Defensa, Michele Alliot-Marie, rindió homenaje a
las víctimas de la Segunda Guerra Mundial y afirmó que los liberadores de Europa
permanecerán siempre en los corazones de los europeos.
Alliot-Marie
afirmó en el Ayuntamiento de la localidad que Francia y el mundo entero estarán
siempre agradecidos a los generales y a las tropas que derrotaron a la Alemania
nazi tras años de barbaries y opresión. “En esta noche memorable, la noche que
nadie olvidará nunca, se cumplió el objetivo establecido por el general de
Gaulle”, declaró la ministra.
“Los liberadores, el general Eisenhower y
sus hombres, entraron en la historia poniendo fin a años de opresión alemana,
terror y locura”, añadió Alliot-Marie, en un discurso que debía pronunciar el
primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, operado hoy en un hospital
parisino por una inflamación de la vesícula biliar.
La ministra destacó
que siempre estarán en los corazones de los europeos “los pilotos ingleses, los
ciudadanos de la ciudad bombardeada de Coventry (Reino Unido), la ciudad
asediada de Stalingrado, el gran pueblo de la Unión Soviética, las naciones de
Europa central, las mujeres (del campo de concentración alemán) de Ravensbruck,
todos los que murieron en los campos de la muerte, todos los que fueron
oprimidos salvajemente”.
Alliot-Marie comenzó hoy los homenajes de
conmemoración de la Segunda Guerra Mundial con una visita a la habitación donde
se firmaron los documentos de rendición hace 60 años, que actualmente forma
parte del Museo de la Rendición.
La ministra estuvo acompañada por Albert
Meserlin, un veterano del Ejército estadounidense que trabajó como fotógrafo
personal del comandante Dwight D. Eisenhower y por Susan Hibbert, la secretaria
que mecanografió el texto del discurso de capitulación.
En Polonia, el
presidente polaco, Aleksander Kwasniewski, rindió tributo a las tropas
soviéticas que liberaron el país de la ocupación nazi, pero dejó claro que las
heridas de las atrocidades estalinistas durante y después de la Segunda Guerra
Mundial todavía necesitan cicatrizar.
Kwasniewski afirmó que Polonia
“está preparada para una discusión calmada y honesta” con Rusia sobre la
historia turbulenta de las relaciones bilaterales. Aunque reconoció que “el
Ejército Rojo salvó muchas vidas polacas”, recordó también la masacre soviética
de más de 20.000 oficiales polacos y la deportación se encuentran diez dedicadas
al Ejército Rojo; tres para las flotas soviéticas; una en memoria de los
partidarios y otra en la de los trabajadores.
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