Economía y Sociedad

Los cultivos transgénicos no son el apocalipsis

Conclusiones tomadas tras más de 900 investigaciones.

Para ciertas corrientes ecologistas, los cultivos transgénicos han estado por mucho tiempo en el bando de los villanos. Ahora, sin embargo, un detallado estudio de las estadounidenses National Academies of Sciences, Engineering and Medicine (NAS) contradice esa idea.

Según el comité investigador, no se ha logrado detectar ningún efecto dañino de los cultivos transgénicos para la salud y el medio ambiente, y a este respecto no hay diferencia sustancial entre estos y los convencionales. “Desde los años 80 –señala el informe–, los biólogos han empleado la ingeniería genética para inducir en las plantas características particulares, como una mayor duración de los frutos, un mayor contenido vitamínico y la resistencia a enfermedades. Sin embargo, las únicas características que, obtenidas a través de la ingeniería genética, han sido derivadas hacia un amplio uso comercial, han sido las que permiten al cultivo resistir la aplicación de un herbicida o hacerse inmune a las plagas de insectos”.

Justo porque esas dos características han sido las más difundidas, es por lo que los expertos de las NAS se abstienen de emitir una declaración más general sobre los beneficios y riesgos de los transgénicos.

¿Perjuicios? ¡Al contrario!

Lo que sí hacen es distinguir entre los distintos resultados que se obtienen al aplicar la ingeniería genética a una planta. “Diferentes características tendrán, posiblemente, diferentes efectos. Por ejemplo, una característica genéticamente modificada que altere el contenido nutricional de un cultivo, es improbable que tenga el mismo efecto económico o medioambiental que la resistencia a los herbicidas”.

En tal sentido, y tras examinar casi 900 investigaciones acerca de las modificaciones genéticas artificiales en cultivos de soja, maíz y algodón, el comité de la NAS hace una clasificación de los posibles efectos en tres áreas: la salud humana, el medio ambiente y la agricultura.

Respecto a la primera, el comité señala haber buscado “cuidadosamente” alguna evidencia de daño atribuible al consumo de alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados. No se halló ninguno. “Estudios con animales e investigaciones de la composición química de los AGM actualmente en el mercado, no revelaron diferencias que implicaran mayor riesgo para la seguridad y la salud humana que las de comer alimentos convencionales”.

Según la pesquisa, no hay disponibles datos epidemiológicos que demuestren un vínculo entre ninguna enfermedad o padecimiento crónico y el consumo de transgénicos. Por el contrario, sí que existe evidencia de que la ingeniería genética en los cultivos reporta beneficios a la salud, al reducir los riesgos de intoxicación por pesticidas, o al permitir el enriquecimiento nutricional del arroz con beta-carotenos, lo cual ayuda a prevenir el déficit de vitamina A en varios países en desarrollo.

Por sí solos, los transgénicos no se bastan

Otros beneficios de los cultivos transgénicos serían para el medio natural. A la objeción de que esos cultivos pueden atentar contra la biodiversidad, los investigadores de las NAS oponen el comprobado aumento de la diversidad de insectos allí donde se aplican, gracias al menor uso de plaguicidas.

En cuanto a la agricultura, los expertos apuntan: “Los indicios disponibles indican que la soja, el maíz y el algodón genéticamente modificados han dado cosechas económicamente favorables a los productores que los han introducido, si bien dichos resultados han variado en función de la abundancia de plagas, las prácticas de cultivo y la infraestructura agrícola”. La investigación precisa que, aunque los cultivos transgénicos han reportado beneficios económicos a muchos pequeños agricultores en los primeros años de su introducción, la sostenibilidad y el aumento de esas ganancias dependerán de que esos trabajadores reciban apoyo institucional en forma de créditos y suministros asequibles, como los fertilizantes, así como en acceso a los mercados locales y globales.

Los hechos demuestran, según el estudio, que en los sitios donde se han sembrado transgénicos resistentes a los insectos, pero no se han seguido estrategias enfocadas en esa resistencia, los insectos pueden desarrollar cierta inmunidad a ella. “Si los cultivos transgénicos van a usarse de modo sostenible, se precisan regulaciones e incentivos para trazar estrategias de manejo de las plagas que sean económicamente factibles”, señalan las NAS.

Los cultivos transgénicos fueron comercializados por primera vez durante la década de los 90. Tras dos décadas de producción, algunos grupos y personas mantienen una postura crítica hacia ellos por sus hipotéticos efectos adversos. Para mitigar esos temores, el informe recomienda que se trabaje para afinar los protocolos de seguridad, se incrementen los procedimientos de regulación de estos cultivos, y se favorezca un mayor acceso a las tecnologías de ingeniería genética en la agricultura.

© Aceprensa

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