Los mensajes de Benedicto XVI van tomando identidad: el respeto a la libertad y a las formas democráticas como aspectos insustituibles de la vida. Su constante mención en las homilías evidencia la decisión de no permanecer neutral frente a las ideologías engañosas.
Editorial
El Papa Benedicto XVI se pronunció ayer sobre la cuestión palestina, instando a las partes a llegar a un acuerdo de paz y a evitar que el largo conflicto siga costando vidas y derramando sangre. Los ataques terroristas a Israel y la represalia siguiente fueron otra vez noticia durante el fin de semana, abriendo una nueva brecha en la abrumada región. A esto debe sumarse una nueva promesa de paz de los bandos fundamentalistas (Hamás y Al Fatah) que firmaron no agredirse durante los próximos días.
El Papa fue contundente con respecto al conflicto apelando a las fuerzas de la moderación capaces de neutralizar a las violentas. “Los enfrentamientos entre facciones palestinas en la Franja de Gaza y los ataques con misiles contra habitantes de las ciudades israelíes cercanas, que han desencadenado una intervención armada, están provocando un sangriento deterioro de la situación” en la región, aseguró ante los fieles en la plaza de San Pedro. Luego pidió por el fin de la “violencia trágica” y que se multipliquen los esfuerzos para retomar la negociación.
El discurso de Benedicto XVI contra el radicalismo fue coherente con la súplica que días antes hizo en Brasil. Allí, el Papa aludió a América Latina como un “continente de esperanza” y pidió por el fin de los autoritarismos existentes. Hacía referencia a la teología de la liberación (identificada con la izquierda más acérrima) y al sistema marxista. El Papa dejó un mensaje de respeto hacia los derechos fundamentales y hacia lo más genuino de la convivencia democrática. Algo que, desafortunadamente, no abunda en América Latina.
Los mensajes de Benedicto XVI van tomando una clara identidad: el respeto a las libertades esenciales y a las formas democráticas como aspectos insustituibles de la vida. Su constante mención en las homilías vaticanas y aún en el exterior evidencia la decisión del pontífice de no permanecer neutral frente a los despotismos y a las ideologías engañosas.
Diario Exterior daba cuenta el fin de semana de las declaraciones del presidente de Bolivia, Evo Morales, en las que instaba a la Iglesia a decidirse entre “rezar o hacer política”. Morales apela a una actitud descomprometida del catolicismo, desconociendo la voz imprescindible de la Iglesia en muchos de los asuntos actuales. Tal vez como nunca, el mensaje del Papa es fundamental para apuntalar la racionalidad y denunciar a aquellos que, con una retórica facilista encaminan a las sociedades hacia falsos espejismos.
No por casualidad fue en América Latina donde Bendicto XVI habló de “pueblos sujetos a ideologías que se creían superadas y que dejaron una triste herencia de destrucción económica y de espíritu”. Habrá que analizar, de aquí en más, cuánto arraigo tendrán estas palabras y quiénes están dispuestos a evitar la torpeza de ignorar la voz del Papa.
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