El Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) presentó recientemente su informe sobre “Gobernabilidad democrática: instituciones y liderazgos”. En él advierte sobre los riesgos de una democracia sin desarrollo. DIARIO EXTERIOR publica aquí las conclusiones incluidas al final del trabajo.
INFORME DE CADAL SOBRE LA GOBERNABILIDAD EN AMERICA LATINA
Hace 25 años, sólo en Venezuela, Colombia y Costa Rica tenían lugar elecciones regulares, libres y limpias. La ola autoritaria que se apoderó de América Latina ha cedido ante una nueva ola democratizadora, caracterizada por una democracia electoral que campea en la región como nunca antes en la historia. Es así como, este año y desde fines de 2005, han tenido lugar elecciones en Honduras, Chile, Bolivia, Haití, Costa Rica, Colombia, Perú, México, Brasil, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.
Estas doce elecciones son importantes en términos cuantitativos, pero también en términos cualitativos. La elección, por primera vez, de un dirigente sindical en Brasil, de un líder indígena, en Bolivia y de una mujer, en Chile; la realización de las elecciones presidenciales y parlamentarias más limpias que hayan tenido lugar en la historia de Haití -caso de un “estado fallido” en la región-; la transición a la democracia que ha tenido lugar en México, entre Ernesto Zedillo y Vicente Fox (2000), luego de 70 años de hegemonía del PRI; la ampliación del sufragio universal en términos nunca antes conocidos, son todos ellos ejemplos de la nueva realidad democrática en la región.
No obstante, lo anterior se da en un contexto económicosocial marcado por la realidad extendida de la pobreza, la desigualdad social, la exclusión y la marginalidad que hacen que, las más de las veces, coexista esta nueva realidad de la democracia electoral con fuertes críticas y un creciente distanciamiento respecto de las instituciones de la democracia representativa, las que son percibidas como débiles y lejanas.
A pesar de un período de crecimiento económico sin precedentes en los años 2004, 2005 y 2006, que fluctúa entre 4 y 5% al año, más de 200 millones de personas subsisten bajo la línea de la pobreza, permaneciendo América Latina como la región más desigual del mundo. Consolidar una democracia estable y vigorosa significa establecer instituciones sólidas y un estado fuerte que sean capaces de responder a las demandas sociales acumuladas, especialmente de los sectores más postergados de la población. En el nivel de las instituciones, se da una tendencia generalizada hacia el establecimiento de presidencialismos fuertes, con grados importantes de concentración de poder en el Ejecutivo, lo que no va acompañado de una acción efectiva en términos de responder a las demandas de los ciudadanos.
Junto con ese presidencialismo reforzado, que algo tiene que ver con el propio desprestigio de los parlamentos y los partidos, se da la tendencia hacia un multipartidismo fragmentado, con la consiguiente dificultad de articular coaliciones mayoritarias y estables de gobierno. Muchos de los tradicionales bipartidismos de la región ya no existen (Uruguay, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Nicaragua, entre otros), alcanzando dicho multipartidismo fragmentado condiciones verdaderamente preocupantes en países como Brasil, Ecuador, Colombia y Perú.
Lo anterior, unido a la falta de correspondencia entre las mayorías electorales representadas en el Ejecutivo y el Legislativo, con el trasfondo del principio de “doble legitimidad” -en la medida que, como sabemos, en una forma presidencial de gobierno tanto el Presidente de la República como el Parlamento tienen su origen en la voluntad popular. Ello conduce a que, no sólo existan tensiones permanentes entre ambos poderes del estado, sino que se dé una marcada dificultad para formar coaliciones mayoritarias y estables de gobierno, todo lo cual incide negativamente en las condiciones de gobernabilidad democrática, en los términos en que la hemos definido (democracia de instituciones).
Junto con los problemas en el nivel de las instituciones, encontramos serias deficiencias en términos de la (in)efectividad de los estados para responder a las demandas y expectativas crecientes e insatisfechas de la población, lo que no hace más que ahondar los problemas de (in)gobernabilidad democrática que encontramos en el nivel de las instituciones. Esto se relaciona, por ejemplo, con los serios problemas que enfrentan los estados en el diseño, decisión e implementación de las políticas públicas, unido, por lo general, a la inexistencia de cuadros técnicos y de un diseño político-institucional que dé coherencia y continuidad a las políticas. De allí que no nos deba extrañar que, así como este año hay 12 elecciones en la región, en los últimos 20 años haya 14 gobiernos que no han concluido su período constitucional.
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Este documento fue elaborado por Patricio Navia e Ignacio Walker.
Fuente: CADAL (Argentina)
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