Política

Los retos a los que deberá enfrentarse Tony Blair en su tercer mandato

Apoyado por la prensa y con unos resultados económicos y mejoras sociales que avalan sus ocho años de gobierno anteriores, Tony Blair ha vuelto a ganarse la confianza de los electores británicos. Ahora, aunque encaminado, queda trabajo por hacer como definir la política de cara a la UE o restablecer una economía que empieza a dar signos de saturación. Blair ha proyectado un ahorro de más de 30.000 millones de euros mediante la reducción del gasto público e inversiones en las escuelas públicas.

Dossier Especial
Al final no hubo sorpresas y los electores británicos le dieron la razón a las
encuestas dando a Tony Blair su tercer mandato consecutivo. Una reelección que
se ha basado en el buen ritmo adquirido de la economía británica y en la que los
asuntos que más se le han echado en cara al tres veces presidente parece que se
han borrado de la memoria colectiva.

Un día antes de los comicios, un
porcentaje importante de los electores, el 30%, no había decidido a quien votar
y, aunque algún analista se atrevió con un vuelco de última hora, lo cierto es
que el resto de candidatos no ha despertado en el pueblo la confianza o simpatía
que, pese a todo, se ha granjeado Blair amparado en su carisma, su aperturismo
con reservas y los buenos datos económicos, prueba de que los deberes, en los
últimos años, se han hecho bien.

Y eso que la oposición realizó una
campaña ofensiva sin cuartel la semana antes de los comicios arrojando a la luz
documentos que querían probar que el primer ministro participó en la guerra de
Iraq “aún sabiendo que era ilegal”, la muerte de otro soldado británico en Iraq
y la rebelión de los familiares de militares fallecidos, con amenazas de llevar
al primer ministro a los tribunales.

Sin embargo, la prensa, y con ella
la opinión pública se pusieron del lado de Blair. En sus editoriales, los más
prestigiosos diarios y revistas especializadas del país, periódicos como
Financial Times, The Guardian o el conservador The Times, además del semanario
The Economist, aseguraban que no existía una “alternativa convincente” a Blair,
y coincidían en señalar que lo ideal sería “una mayoría más reducida, seguida de
cerca por conservadores y liberales-demócratas”.

Una presidencia llena de matices

Pero el legado
de Blair está más lleno de matices de lo que podría parecer a primera vista. Hay
que reconocer que ha decepcionado a la izquierda al hacer una política exterior,
a su parecer, supeditada a los designios de George W. Bush y tener su parte de
responsabilidad en la muerte de decenas de miles de iraquíes, asumir con
entusiasmo la herencia thatcherista, restringir las libertades civiles,
renunciar a una redistribución masiva de la riqueza, enterrar el socialismo y no
poner mayor énfasis en buscar remedios para la crisis del medio ambiente.


Pero también es cierto que ha combatido la pobreza infantil, implantado
un salario mínimo y mejorado la vida de adolescentes, pensionistas y familias
monoparentales de una manera que habría sido impensable bajo un régimen tory.
Blair no es un ideólogo sino un ganador nato de elecciones que ha robado a los
conservadores la condición de partido natural de poder. Ha respetado las
privatizaciones de los ferrocarriles, del agua, del gas, de la electricidad y
del teléfono, sosteniendo el argumento de que es un mero continuador del
thatcherismo.

Tras renunciar a la incorporación al núcleo duro de
Europa, su gran aspiración es reformar unos servicios públicos diseñados por
Clement Atlee tras la Segunda Guerra Mundial, dando entrada a la empresa
privada. En cuestiones de inmigración, derechos civiles, terrorismo y ley y
orden ha explotado el miedo de las clases medias con tanto frenesí como la
derecha, temeroso de ceder un espacio político vital. El nuevo laborismo es un
híbrido entre lo socialdemócrata y lo socialcristiano.

Programa reformador

Blair dijo el pasado
miércoles, justo un día antes de las elecciones, que siguen pendientes muchas
metas, tanto en el país como el extranjero. “Cuando veo al programa reformador
que tenemos en el servicio público de salud, en las escuelas, deseo continuar
impulsándolo”, indicó en una entrevista con la cadena BBC. “Incluso si se
examina el programa internacional, incluida África y el cambio de clima, me
siento optimista en esos apartados, que son los que deseo impulsar”, insistió el
primer ministro.

Así las cosas, parece que los votantes han tenido claro
que los brillantes logros económicos, producto de la extrema cautela y
eficiencia del ministro Gordon Brown, no se dan de la noche a la mañana y no se
pueden poner en riesgo.

Blair ya dijo en el pasado que esta sería su
“última campaña electoral” y los laboristas tienen claro que pese a que su
figura aparece cuestionada, la gestión de su gobierno ha sido tan exitosa en lo
económico que no vale la pena desgastarse en discusiones estériles sobre
política externa. Por ello, los laboristas están más preocupados de mostrarse
como los “garantes de la estabilidad económica” del reino que de explicar las
decisiones de Blair sobre la guerra.

Esfuerzo
hasta 2009


Hasta las próximas elecciones de 2009, lo cierto es que
los laboristas deberán esforzarse mucho para mantener el nivel económico
alcanzado y traducirlo en programas sociales adecuados a los crecientes
problemas, especialmente en salud, educación e inmigración. Blair prometió que
aumentará el pago mínimo por hora de 4,85 libras (9,18 dólares) a 5,05 libras
(9,50 dólares) y llegará a 5,35 libras (10,30 dólares) si ganaba un tercer
mandato.

Asimismo, el primer ministro ha proyectado un ahorro de más de
30.000 millones de euros mediante la reducción del gasto público, pero al mismo
tiempo prometió más inversiones en las escuelas públicas, nuevas becas para
estudiantes universitarios sin recursos, la creación de 24.000 puestos extra
para agentes de seguridad locales y 1.300 nuevas plazas en las cárceles.


También debe reforzar con urgencia el alicaído sistema de salud pública
con fondos frescos para construir hospitales y terminar con las largas esperas
para operaciones y tratamientos.

Y aquí viene la pregunta del millón:
¿Cómo hará para lograr todo esto sin aumentar los impuestos, a lo que se ha
comprometido? Para los electores británicos no hay nada más importante durante
una campaña electoral que los impuestos. Aumentan o disminuyen según la cantidad
de hijos y todos los tienen en cuenta a la hora de votar.

Por eso el
laborismo ha sido muy claro en sus promesas de no extender el IVA a los
alimentos, a la ropa de niños, a los libros, diarios o a las tarifas de
transportes públicos. Pero cabe ver a qué echa mano para cumplir con sus otros
compromisos. A estos se suman preocupantes signos de deterioro de la brillante
economía, como el aumento en abril del desempleo que creció por cuarto mes
consecutivo, llegando a un nivel de 4,8% de la población activa, es decir,
1.430.000 personas.

Política
exterior


Respecto a la política exterior, el gobierno sabe que
deberá dar giros importantes hacia Europa. Esto no choca con los intereses
laboristas, que apoyan abiertamente la Constitución europea y se han
comprometido a liderar campañas humanitarias en todo el mundo, desde la lucha
contra el contrabando de seres humanos, hasta campañas planetarias para detener
el SIDA.

Pero aunque la economía en el Reino Unido pasa por una de sus
épocas de mayor prosperidad sostenida de la era industrial, uno de los puntos
débiles sigue siendo el tema de la inmigración. El Reino Unido tiene una de las
leyes más liberales de Europa en materia de inmigración y por eso se ha
convertido en un asunto clave para los británicos. El líder de la oposición
conservadora ya ha acusado a Blair de “evitar comprometerse” en esta cuestión.


Blair quiere optar por un plan mucho más moderado y que ya es aplicado
en algunos lugares de la Commonwealth: un sistema de puntos parecido al de
Australia que facilite la entrada de trabajadores calificados en detrimento de
los menos preparados y quiere que los inmigrantes aprueben exámenes de inglés y
de conocimiento del Reino Unido.

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