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Los sindicatos en Estados Unidos se cobran otra víctima

Los grupos de interés y sindicatos con una fuerte oposición al comercio libre se han cobrado otra víctima, esta vez uno de su propio partido, el famoso consultor Mark Penn.

Gabriel Sanchez Zinny

Mark Penn, quien era el senior advisor de la Senadora Hillary Clinton, y director de la compañía de relaciones públicas Burson Marsteller. Ejerciendo la libertad de su profesión, estaba asesorando a la Senadora, que se opuso al tratado, y a su vez, al Gobierno de Colombia, con un contrato de 300,000 dólares, en la negociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos. Pero bastó que un periódico diera a conocer el encuentro entre funcionarios del gobierno de Colombia y Mark Penn, para que sindicatos y grupos de interés afines orquestaran un ataque en su contra que terminó costándole su posición.


 


El problema no fue que la senadora Clinton aludió un conflicto de interés, ya que ella misma apoyó el NAFTA y otros tratados antes de comenzar la campaña presidencial, como lo confirman los recientemente publicados documentos de la agenda de reuniones y eventos durante sus años en la Casa Blanca, sino que tanto Clinton como Barack Obama, contradiciendo posiciones anteriores, se oponen ahora al libre comercio. Inclusive sosteniendo que revisarían NAFTA, presionados por sindicatos y grupos de trabajadores, que si bien representan menos de un 7.5% de la fuerza laboral en Estados Unidos, son de fundamental importancia en la primaria, donando dinero y acercando votos.


 


Pero la paradoja no se aplica únicamente a que una minoría logre bloquear un acuerdo que favorece a una mayor cantidad de ciudadanos y empresas americanas, sino que la oposición de John Sweney, presidente del mayor grupo de sindicatos del país, la poderosa AFL-CIO, también estaría perjudicando a sus propios afiliados.  El 90% de las exportaciones de Colombia ya están ingresando al mercado americano sin pagar tarifas. El tratado de libre comercio estaría favoreciendo principalmente a los exportadores americanos, que enfrentan un 35% de tarifas. El resultado, según la “US International Trade Comission” sería de un incremento del 1.1 billones en las exportaciones a Colombia, que definitivamente generaría mas empleos y oportunidades para las trabajadores en Estados Unidos.


 


El mismo Washington Post, un periódico no precisamente favorable a la Administración Bush, publicó una editorial en apoyo al tratado, señalando que “otro asesor demócrata se metió en problemas por tener mas sentido común que el candidato para quien trabaja, o al menos mas coraje para admitirlo…”


 


Hace algunas semanas, el Presidente Bush, bajo la autoridad del “Fast Track” que le permite enviar tratados de comercio al Congreso, para que sean votados en un plazo de 90 días, introdujo el acuerdo a la Cámara de Representantes. Sin embargo, dos días después de recibirlo, la demócrata Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara, sometió a votación un cambio en reglas para no tener que verse obligada a realizar una votación en 90 días, sino en el plazo que la mayoría demócrata disponga, alterando una tradición de 30 años en la relación entre la Casa Blanca y el Congreso.


 


Estas son especiales malas noticias, no solo para Colombia, sino para la ronda de Doha, que no presenta mucha esperanzas de ser aprobada dada la ola proteccionista en Estados Unidos. A su vez, envía un mensaje muy negativo a los aliados y amigos de Estados Unidos, ya que el país deja de apoyar a una economia mas pequeña que el estado de Connecticut, y que ha hecho todos los esfuerzos para alinearse con el país del Norte. Pero como ya sostenía el Congresista Thomas O´Neill, famoso Presidente de la Cámara de Diputado entre 1977 y 1978, “all politics is local”, las causas hay que buscarlas en Pennsylvania, Indiana, West Virginia y el resto de votaciones en la interna demócrata.

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