Bolton aseguró que no hay tiempos para Irán. Que quienes defienden una política laxa con respecto al régimen están aplicando, más que una política de tolerancia, una justificación hacia el estado de opresión.
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Domingo, 10 de mayo 2026

Bolton aseguró que no hay tiempos para Irán. Que quienes defienden una política laxa con respecto al régimen están aplicando, más que una política de tolerancia, una justificación hacia el estado de opresión.
Editorial
¿Cuáles son los tiempos de Irán? ¿Qué tiempos estipula el régimen de Ahmadineyad y para qué? ¿Qué justificaciones ofrece al exterior de su discurso interno? Estas son algunas de las preguntas que, seguramente, se hace el Departamento de Estado de los EEUU frente al régimen iraní. Y que se hacen también (y aunque muchos no lo reconozcan, y otros lo estimulen) gran parte de los actores en el marco internacional.
La respuesta más contundente a estos interrogantes la brindó hace escasas horas John Bolton, uno de los funcionarios clave de la administración Bush y considerado un “halcón” dentro del grupo oficialista. Bolton aseguró que no hay tiempos para Irán. Que quienes defienden una política laxa con respecto al régimen están aplicando, más que una política de tolerancia, una justificación hacia el estado de opresión.
ONU y Realismo
El encuadre de Bolton resulta mucho más realista, y verídico, del que muchos insinúan pero no dicen. La retórica de Ahmadineyad está lejos de ofrecer garantías de paz a la comunidad internacional, y mucho menos a la conflictiva zona de Medio Oriente. Entre otras cosas, por su inocultable enojo (por no decir odio) hacia Israel y todo lo que éste representa. Esto sin mencionar los resabios de un totalitarismo escandaloso encubierto bajo la bandera del Islam.
Los sucesos de la Cumbre de la ONU ratifican lo que ha dicho Bolton. Y fue Sarkozy quien, con su afortunada franqueza, ha puesto claro sobre oscuro. Fomentar (o callar) el avance de los procesos nucleares en Irán constituye algo “inaceptable” y una comprensión de las ansias no reveladas de ese país. El discurso del presidente francés fue como una voz de conciencia que, paralizada por lo políticamente correcto, no emerge con claridad.
Los próximos años constituirán una referencia para un examen más exacto de lo que tanto Ahmadineyad, como sus ideas, representan para ese país. Y, más centralmente, para el equilibrio en esa zona siempre castigada y las condiciones de paz. Por lo pronto, un poco de franqueza no viene nada mal.
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