A pesar del pesimismo generalizado, el último equipo de voluntarios españoles en regresar de Sri Lanka se muestra optimista respecto a la situación de los damnificados por el tsunami.
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Miércoles, 18 de febrero 2026

A pesar del pesimismo generalizado, el último equipo de voluntarios españoles en regresar de Sri Lanka se muestra optimista respecto a la situación de los damnificados por el tsunami.
LOS DAMNIFICADOS YA TIENEN AGUA
Los voluntarios españoles no son tan pesimistas como estamos acostumbrados a ver en la prensa nacional e internacional respecto a las circunstancias que rodean a los damnificados por el tsunami asiático casi un mes después. De hecho, un equipo de once profesionales regresó ayer a España procedente de Sri Lanka confirmó que las víctimas que se encuentran en esta zona, ya tienen agua (los bomberos españoles instalaron una planta potabilizadora de agua y una red de distribución) y que, por el momento, no hay casos de epidemias. El coordinador médico de la expedición, José Soriano, insistió en que no se han encontrado con pacientes afectados de malaria o tifus, aunque se registran muchos casos de piojos y sarna, que implican un menor grado de riesgo para la salud.
Una vez que las necesidades básicas de la población están garantizadas, señalaron los voluntarios españoles, los siguientes pasos se tienen que encaminar hacia la reconstrucción de las viviendas e infraestructuras destruidas por el maremoto para que la población pueda volver a su vida normal.
El equipo, compuesto por cuatro bomberos, cuatro bomberos y tres enfermeras, regresó ayer después de trabajar durante quince días en un campamento de damnificados por el maremoto en el que ya se distribuye agua con normalidad. El grupo se desplazó el pasado 5 de enero a Kinniyai, población costera al este de la isla de Sri Lanka, donde relevó a otros compañeros que llegaron a la zona pocos días después del maremoto del 26 de diciembre.
A su llegada al aeropuerto de Barajas, el bombero Miguel Rubio no tenía lugar a dudas: “Ha sido una experiencia muy gratificante, porque cuando llegamos la población estaba durmiendo por el suelo en una escuela semiderruida y ahora el campamento está montado para unas 2.000 personas con agua potable y dos hospitales de campaña”.
Este equipo médico instaló en el campamento un puesto médico formado por una tienda de campaña para atención primaria y de emergencia, otra dedicada a cirugía menor y una tercera donde se distribuyen productos farmacéuticos. El coordinador del equipo relató que los niños todavía estaban asustados por el desastre “e intentábamos animarles con juegos”.
Este equipo fue relevado en la zona por otro equipo compuesto por cinco bomberos, dos médicos de atención primaria, una pediatra, dos enfermeras especialistas en emergencias y un farmacéutico. La pediatra Angela Aramburu calificó la experiencia de “inolvidable y muy positiva” ya que han convivido estrechamente con los damnificados, recalcó que no han visto casos de epidemias y dijo que han atendido principalmente a enfermos con infecciones respiratorias, heridas infectadas “y mucha gente con estrés postraumático y cuadros de ansiedad”.
Todos ellos tienen un gran recuerdo, sobre todo, de los niños. “Los niños son los más alegres a pesar de que muchos de ellos han perdido a familiares”, relató Angela Aramburu. El grupo que regresó ayer fue recibido en el aeropuerto madrileño por una de las psicólogas que atiende a los voluntarios que acuden a alguno de los países del sudeste asiático afectados por el maremoto.
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