Las consecuencias de las recientes elecciones se suceden y ahora el gobierno habla de realizar una gran reforma política.
Medvedev anunció dos de los grandes objetivos de esta reforma que proyecta: facilitar la inscripción de candidaturas y modificar el sistema electoral.
Tras asegurar cualquier crítica que se haga a funcionarios e instituciones afirmó que
“El derecho de la gente a expresar su opinión con métodos legales está garantizado, pero los intentos de manipular a los ciudadanos de Rusia, de engañarlos, de enardecer la discordia social son inadmisibles. No permitiremos que los provocadores y extremistas arrastrar a la sociedad a sus aventuras. Tampoco permitiremos la injerencia extranjera en nuestros asuntos internos” (El País) y sí por el contrario, se buscará que los ciudadanos tengan un papel más activo en la vida política (
La Razón).
El presidente habló de que se trata de una reforma integral y definió la democracia rusa como “adulta”, todo ello dejando claro que
“no permitiremos que provocadores y extremistas suman a la sociedad en sus aventuras, no toleraremos la injerencia foránea en nuestros asuntos internos” (
ABC).
Sin embargo, no hay que perder de vista el role que las protestas que tuvieron lugar tras el 4 de diciembre están teniendo a la hora de justificar esta oleada de reformas: el regreso del sistema electoral mayoritario, eliminado con Putin, pondría en riesgo el dominio de Rusia Unida (
El Periódico).
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