El bloque no ha beneficiado de la misma manera a los dos países más fuertes que lo componen. Mientras Brasil se ha ayudado de él para potenciar su comercio exterior, Argentina veía como sus deudas y, sobre todo, la dolarización, le impedían despegar.
CUMBRE DE OURO PRETO
Sin duda, Mercosur marcó rumbos opuestos en Argentina y Brasil tanto en la
industria como en el campo. De esta manera, para los empresarios brasileños, el
acuerdo fue fundamental para crear una escala de producción y moldear una
cultura exportadora que le permitió descubrir otros mercados.
Según los
datos facilitados por UPI, Brasil exportó este año más de 90.000 millones de
dólares, y solamente el 7,6% tuvo como destino los países que integran el
bloque, a diferencia de 1998, cuando la exportación con este destino alcanzó el
17,3%.
Al contrario, Argentina que ha estado atada durante mucho tiempo
por una política de paridad cambiara fija, no supo usar el bloque como instancia
para impulsar su industria, al mismo tiempo en que la atracción inicial que el
mercado financiero argentino ejercía sobre los inversionistas internacionales
disminuía en la misma proporción en que la economía se deterioraba.
Muchas de las empresas decidieron transferir sus líneas de producción a
Brasil, que ofrecía una serie de beneficios, además de un mayor mercado que
estaba en franco desarrollo.
Crecimiento
brasileño
Las exportaciones brasileñas crecieron vertiginosamente
en la segunda mitad de esta década. Según datos de la Secretaria de Comercio
Exterior, aún así, el total de la participación de Argentina en las ventas
brasileñas hacia el exterior cayó del 9,5% en 1994 hasta un 7,6% en 2004.
Es cierto que Argentina ayudó a los empresarios brasileños a exportar,
pero hoy para algunos esta situación resulta incómoda, por lo que se ha llegado
a sugerir que el Mercosur abandone definitivamente el estatus de unión aduanera
y retorne a su condición de área de libre comercio.
La opinión de los expertos
Para el economista
Roberto Giannetti da Fonseca, director del área de Comercio Exterior de la
Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp), con esta circunstancia
“no se perdería nada, porque hasta el momento la unión aduanera no pasa de una
ficción”. Además considera que “un área de libre comercio otorgaría a Brasil la
libertad para negociar acuerdos comerciales con otros países de su elección, sin
depender del consenso de los miembros del Mercosur”.
Tampoco hay que
olvidar que las salvaguardias exigidas por Argentina ni siquiera han sido
consideradas en la agenda de esta Cumbre pero a pesar de la fuerte oposición de
los empresarios más importantes de Brasil, hay quienes se proponen a “evaluar
políticamente la idea” como medida para que el bloque siga funcionando.
Este es el caso de Sérgio Haberfeld, presidente de la Cámara de Comercio
de Sao Paulo e industrial del sector de embalajes, quien considera necesario
crear un clima conveniente para discutir las propuestas de cada uno de los
socios.
A juicio de la consultora de la Confederación Nacional de la
Industria, Sandra Ríos, la definición de salvaguardias para el Mercosur, más
severas que las de la OMC, podrían agregar alguna disciplina a las políticas
seguidas por los socios del bloque.
Sin embargo, según los analistas
brasileños, lo que el gobierno y los empresarios argentinos pretenden no es la
creación de reglas que impidan la aplicación arbitraria de medidas
proteccionistas, sino que los brasileños prefieren evitar un enfrentamiento y
las autoridades de gobierno decidieron ceder a todo para no disgustar a los
aliados de Buenos Aires.
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