Política

México va camino a las presidenciales del 2006

Editorial
Tras luchas encarnizadas dentro de los aparatos políticos de los partidos van surgiendo los candidatos virtuales a presidente de las tres fuerzas mayoritarias del país: el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

En el partido del actual presidente Vicente Fox, el PAN, Felipe Calderón Hinojosa se convirtió en el virtual candidato presidencial luego de vencer a Santiago Creel Miranda. Creel, secretario de la Gobernación de Fox, fue víctima del apabullante desgaste del foxismo y de su decepcionante gobierno. Calderón aparece como la esperanza del PAN para recuperar el terreno perdido, pero reza una frase dentro del PAN que ya se ha hecho lugar común: “no hay que ganar el poder y perder el partido”, y esto es precisamente lo que ha sucedido durante el gobierno de Vicente Fox.

Dentro del PRI el candidato saldrá entre Roberto Madrazo y Everardo Murillo, quienes se presentarán a las elecciones internas del próximo 13 de noviembre. La semana pasada el ex gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, renunció a competir por la candidatura presidencial tras verse acechado por acusaciones de corrupción. El PRI, que gobernó durante siete décadas de manera ininterrumpida, aspira a recuperar en 2006 el poder federal que perdió en 2000 a manos de Fox. Aquellos comicios de 2000 marcaron un hito en la historia moderna de México ya que nunca antes había ocurrido la transmisión pacífica del poder de un partido a otro.

Por el lado del PRD, el izquierdista Manuel López Obrador saldó sus cuentas con su rival de partido Cuauhtémoc Cárdenas, y luego de abandonar la alcaldía de México a partir de un desafuero histórico,  pactó un oscuro acuerdo con Fox su continuidad en la política mexicana. Hoy es el candidato que lidera las encuestas de opinión con un discurso rancio y populista. El temor que existe entre muchos analistas es que si López Obrador pierde, eche manos al victimismo que empleó durante el año y medio antes de su desafuero, y comande una andanada de protestas violentas. Eso es lo que apunta su historial pasado y su propuesta de gobierno.

Ya cuando perdió la carrera de gobernador en Tabasco, bloqueó pozos petroleros y en la capital estatal sus partidarios tomaron la plaza central. Allí se desató una inusitada violencia que López Obrador disfrazó de “desobediencia pacífica”. Su capacidad para construir persecuciones y complots sólo es igualada en la región por Evo Morales.

De todas maneras, faltan nueve meses para que lleguen las presidenciales y la promesa es una carrera electoral despiadada con un final todavía no escrito.

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