Los líderes reunidos en la Cumbre Asia-África se limitaron a pedir mecanismos de cooperación que permitan a los pueblos del Sur abandonar el subdesarrollo, pero poco más. Aparte de la nostalgia pocas fueron las propuestas y compromisos concretos.
LA NOSTALGIA FUE LA NOTA REINANTE
Aunque los países se comprometieron a acometer ambiciosas propuestas de
cooperación, la Cumbre Asia-África (que se celebró en Indonesia) concluyó, sin
embargo, con escasos resultados concretos, al margen de las promesas. El punto
final lo puso el presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyomo, con un
discurso de clausura en el que aseguró que “el legado más importante del
encuentro es el establecimiento de un Nuevo Acuerdo Estratégico Asia-África”,
cuyo objetivo pasa por afrontar de manera conjunta los grandes retos del siglo
XXI.
Ante los líderes de más de cien países africanos y asiáticos,
Yudhoyono citó como grandes prioridades la lucha contra la pobreza y el
subdesarrollo, así como la búsqueda de un mayor peso internacional a través de
organizaciones como la ONU.
El secretario general de Naciones Unidas
apoyó esta idea, y se mostró confiado de que los países asiáticos y africanos
apoyarán su propuesta de reforma, dirigida a ampliar el Consejo de Seguridad. No
en vano, esta ampliación permitiría la entrada de países africanos como miembros
permanentes del Consejo por primera vez. Y es que Annan siempre ha defendido que
su reforma beneficiaría a los países en vías de desarrollo. Entre otras cosas
porque busca garantizar el aumento de la ayuda al desarrollo hasta el 0,7% del
PIB de las naciones más ricas antes de 2015.
En este sentido, tanto
Japón (que prometió seguir siendo uno de los mayores donantes del Tercer Mundo),
como China (que mostró su intención de aumentar su volumen de ayuda al
desarrollo) expresaron su compromiso para alcanzar este objetivo.
África pide un futuro diferente
Mientras tanto,
los líderes africanos presentes en la Cumbre abogaron por un futuro diferente
para su continente, el más pobre del planeta. Para conseguirlo, consideran
necesario estrechar lazos con Asia. En este sentido, el presidente de Sudáfrica,
Thabo Mbeki, exigió la creación de nuevas y modernas economías en el mundo en
desarrollo y abogó porque “Africa debe ser libre y Asia debe ser libre”. Mbeki
exigió además a los países del Tercer Mundo que luchen de la misma manera que lo
hicieron los padres de la independencia hace 50 años, cuando se reunieron en la
ciudad indonesia de Bandung en la primera Conferencia Asia-Africa.
En
clara referencia al espíritu solidario entre naciones que nació en esa primera
cumbre y que, posteriormente, cristalizó en alianzas como la del Movimiento de
los Países No Alineados o el Grupo de los 77, Mbeki declaró que “si no hubiera
habido lucha, no hubiera habido Bandung”.
En esta línea evocadora, los
líderes presentes en la cumbre destacaron al unísono los grandes avances
políticos vividos en los últimos 50 años. Aquí tuvieron un momento de recuerdo
para el caso de Palestina, que aún lucha por su independencia.
Muchas palabras… y pocos hechos
Sin embargo,
todas estas promesas y emotivas declaraciones no fueron acompañadas ni de
compromisos ni de estrategias prácticas concretas, necesarias para hacer frente
a todos los retos mencionados. A pesar del clima de entendimiento que se
respiró, pocos analistas creen que la cumbre vaya a tener consecuencias
positivas en el desarrollo de los dos continentes.
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