Unidas por lazos económicos, sociales, culturales y territoriales, las naciones que componen Mercosur y la CAN conforman desde ayer uno de los bloques de países más potentes del planeta, con más de 300 millones de habitantes.
COMPUESTO POR 12 PAÍSES
Desde ayer, los países pertenecientes a Mercosur y a la Comunidad Andina de
Naciones (CAN) conforman lo que se ha denominado Comunidad Sudamericana de
Naciones (CSN), el tercer bloque de naciones más importante del mundo. La nueva
institución fue posible después de que los presidentes de los 12 países que
conformarán el bloque (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Colombia,
Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Guayana y Surinam) firmasen el
documento de integración política, económica y cultural.
La nueva
integración de Estados, nacida de la III Cumbre Sudamericana que se celebró ayer
en la ciudad peruana de Cuzco, contará con unos 361 millones de habitantes; un
territorio superior a los 17 millones de kilómetros cuadrados; un mercado de más
de 360 millones de consumidores y con un PIB por encima de los 800 mil millones
de dólares anuales, reservas de gas y petróleo para 100 años y recursos
naturales invalorables.
Espacio
común
Este ambicioso proyecto ha sido la culminación de un proceso
orientado a sentar las bases de un espacio común sudamericano a partir de la
afirmación del diálogo y convergencias políticas, el perfeccionamiento de una
zona de libre comercio en la región y la integración física, energética y de
comunicaciones derivada de la Iniciativa para la Integración de la
Infraestructura Regional de América del Sur (Irsa).
A tenor del
documento rubricado por los jefes de Estado, el establecimiento de la Comunidad
Sudamericana de Naciones (CSN) se sustenta, entre otros, en la historia
compartida, la convergencia de valores y de intereses políticos, económicos y de
seguridad, el compromiso de la región en la lucha contra la pobreza y la
promoción de la democracia con el fin de contribuir, junto con otras
experiencias de integración regional, al fortalecimiento de América Latina y el
Caribe.
Sin embargo, en el encuentro mantenido ayer en Cuzco por los
mandatarios de los países firmantes, también surgieron otras cuestiones en torno
a las necesidades prioritarias de sus pueblos, en materia de pobreza, política y
comercio. El foro sudamericano también abordó temas relacionados con la
democracia, la política, la tecnología, la infraestructura de integración, y el
tráfico de drogas.
Funcional y sin repetir
errores
Con respecto al nacimiento de esta nueva alianza entre
países, el ministro argentino de Relaciones Exteriores, Rafael Bielsa, afirmó
que el nacimiento del CSN se insinúa como el único porvenir común posible para
América Latina. Según él, “se ha escrito que la globalización no nos ha
acercado, sino que nos ha hacinado. Si es así, entonces es doblemente necesario
separar lo que nos es entrañable de lo que no es amigable, y persistir en lo
primero”.
Bielsa además destacó en un artículo de opinión publicado en
la prensa argentina, que el clima de entendimiento en el subcontinente es hoy
inmejorable, no sólo porque se sustenta en la paz y democracia impuestas como
normas de convivencia, sino porque el Cono Sur enfrenta el común desafío de
supervivencia.
De cara al paso fundacional de la CSN, el canciller
argentino llamó a poner énfasis en lo que de “utópico y común a todos tiene este
proyecto: la supervivencia cultural, el desarrollo y, en especial, la justicia
social”.
Finalmente, el ministro de relaciones exteriores de Perú,
Manuel Rodríguez, descartó que la CSN reproduzca el enfoque burocrático de otros
bloques subregionales de América Latina. En este sentido, Rodríguez insistió en
que la CSN no quiere reproducir los errores de una institucionalidad pesada y el
enfoque burocrático mostrado en otras entidades en América Latina y destacó que
se trata de “una agrupación basada en valores como los derechos humanos,
democracia, mercado, cooperación y solidaridad”.
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