Como sucediera hace unas semanas, un nuevo seísmo se ha cebado con Turquía. El número de víctimas mortales, de momento, es menor.
Van ha sido la región afectada. Situación dramática, funcionando numerosos operativos de rescate. En 1999 dos terremotos se cobraron la vida de 20000 personas. Besir Atalay (Viceprimer Ministro) y Ahmet Davutoglu (Ministro de Exteriores) se han personado en el lugar de los hechos (
ABC).
El primero de ellos, al llegar al lugar de los hechos explicó que “veinte personas fueron rescatadas vivas, cinco están muertas” (El Espectador).
Conforme ha avanzado el día, han llegado más noticias y el número de víctimas mortales ha ido en aumento.
En
El Universal encontramos que son 10 pero sobre todo, es pertinente que ofrece el punto de vista de un sismólogo como Dogan Kalafat quien hace autocrítica sobre lo ocurrido:
“Lo más triste es que un terremoto de magnitud 5.6 no debería ser causa de desplomes ni de pérdidas humanas. Pero (lo que ha pasado) no es una sorpresa. Si estos edificios se hubiesen construido con medidas antisísmicas, ahora no estaríamos hablando de pérdidas humanas”.
En
Prensa Latina aparece información sobre consecuencias colaterales del terremoto: se han desatado oleadas de violencia y de enfrentamientos, provocados, en su mayoría por pobladores insatisfechos con la forma en que los servicios de seguridad han gestionado las labores de rescate.
Los heridos están siendo transportados a Ankara y uno de los hoteles que han caído se alojaba la prensa y personal que había acudido a la zona para ejercer tareas de ayuda humanitaria.
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