Política

Obama experimenta una caída de su índice de popularidad que pone en peligro la reforma sanitaria

AGENCIAS / EDE.- La drástica caída de los sondeos que miden el nivel de popularidad del presidente de los EEUU, Barack Obama, ha hecho saltar las alarmas en la casa Blanca. El círculo más íntimo de asesores ha recibido instrucciones del propio mandatario para “redoblar esfuerzos” y comprometerse aún más en lo que ya se considera una “campaña decisiva” por sacar adelante los proyectos e iniciativas que definirán el éxito o no de la actual presidencia.

AMÉRICA / Críticas a las “promesas utópicas”

El Partido Republicano de EEUU está aprovechando al máximo el descenso del nivel de popularidad del presidente Barack Obama. Los últimos sondeos revelan que la aceptación del mandatario entre los ciudadanos ha bajado del 66 al 55 por ciento, de acuerdo con una encuesta realizada por Public Strategies Inc.


 


Otro sondeo publicado durante la presente semana por el diario Político, una de las “Biblias” de los que habitan el centro de poder en Washington, desvela que la confianza de los estadounidenses en su presidente ha caído del 66 por ciento en marzo al 54 por ciento en julio. En la misma consulta, la cifra de los que afirmaron que no confían en Obama creció del 31 al 42 por ciento.


 


Así, en los últimos días los adversarios políticos del presidente han cuestionado con mayor fuerza las iniciativas de reforma clave de Obama: migración, defensa o salud. Precisamente, el periódico The Washington Post difundía su propia consulta ciudadana sobre la reforma sanitaria: únicamente el 49 por ciento de los ciudadanos aprobaba el plan frente a un 57 por ciento que lo hacía en abril pasado. Y eso no es todo, la encuesta revelaba que las voces críticas contra la reforma sanitaria subió del 29 al 44 por ciento.


 


Uno de los primeros legisladores republicanos se han apresurado a señalar la creciente debilidad de Obama, el senador por carolina del Sur, Jim DeMint, declaró que “al presidente le gustaría que la mayoría de los ciudadanos volvieran a confiar en él pero, por lo visto, ya no puede seguir echando mano de sus promesas utópicas”.


 


Bajo ese panorama, la dirección de estrategias del Partido Republicano ha elegido la reforma sanitaria –la iniciativa de reforma más importante de Obama-, como el “campo de batalla” donde reflejar las debilidades presidenciales. De acuerdo con los analistas, para cuestionar al presidente los republicanos cuentan con las aseguradoras y las compañías farmacéuticas que están dispuestas, dicen, a pelear por “un negocio que representa una sexta parte de la economía” estadounidense.


 

Convencido de que es necesario aprovechar la caída de popularidad, DeMint aseguró que “si derrotamos a Obama aquí (reforma sanitaria), éste será su Waterloo“. Es necesario, dijo, hacer ver a los ciudadanos que el presidente quiere arrebatarles su derecho a elegir a su médico y el sistema hospitalario que más les convenga para atenderse.

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