Si el nuevo Parlamento dependiera de los 184.000 estudiantes que participaron en el experimento, ningún partido de izquierdas lograría escaño. Al cabo de 16 años desde las primeras elecciones, los conceptos de izquierda y derecha forman todavía un barullo insondable para los cánones polacos.
El desprestigio de la izquierda constituye la nota saliente del comicio
Cinco horas después de la apertura de los colegios electorales en Polonia, a las once de la mañana, el índice de participación se situaba en un 7 por ciento. Este dato confirma el temor de que la abstención podría convertirse en la gran protagonista de unos comicios en los que el centro derecha parte como favorito.
Un total de 23.633 colegios electorales han abierto este domingo sus puertas en Polonia para que cerca de 30 millones de ciudadanos con derecho a voto configuren un nuevo gobierno, aunque se teme que pueda haber una alta abstención.
Se trata de la primera de las tres citas electorales a las que se están convocados los polacos, dado que el próximo 9 de octubre se celebrará la primera vuelta de las presidenciales.
Estas elecciones podrían arrojar la cifra más baja de participación en unos comicios desde la caída del comunismo.
El desprestigio de la izquierda
Los fantasmas del pasado en Polonia, el mayor de los países que en 2004 se incorporaron a la UE, parecían enterrados cuando el socialdemócrata SLD, surgido de las cenizas del antiguo partido único, logró el 41% de los votos en 2001, justo después de que su líder, Alekxander Kwasniewski, fuera reelegido presidente del país. Pero la sucesión de corruptelas no sólo ha jibarizado al SLD, sino que ha reabierto heridas: varios escándalos han evidenciado conexiones entre empresas privatizadas, altos cargos del Gobierno, servicios secretos y la antigua nomenclatura.
Los jóvenes son los que más empujan para que Polonia gire de nuevo a la derecha. Las encuestas, que no garantizan escaño a ningún grupo progresista, detectan como novedad el hambre de votar de los jóvenes. “Los menores de 25 años siempre decían que no les importaba la política y que se abstendrían”, explica Krzysztof Pankowski, del instituto Cbos, “pero esta vez muestran un deseo de participación de más del 60%, superior a la media”.
Una votación simbólica en los institutos del país revela hasta qué punto la rebeldía juvenil en Polonia va de la mano de la derecha. Si el nuevo Parlamento dependiera de los 184.000 estudiantes que participaron en el experimento, ningún partido de izquierdas lograría escaño. Al cabo de 16 años desde las primeras elecciones, los conceptos de izquierda y derecha forman todavía un barullo insondable para los cánones de la Europa occidental en un país en que la represión se asocia a la izquierda y la libertad llegó de la mano de la Iglesia católica.
“Soy de derechas porque implica eficiencia y solidaridad, mientras que la izquierda beneficia sólo a las élites”, explica Paulina, universitaria de 19 años.
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