Obama tiene ante sí muchos desafíos pero tal vez el más importante sea el de responder a una democracia sólida y que actúa como ejemplo para otros países.
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Martes, 21 de julio 2026

Obama tiene ante sí muchos desafíos pero tal vez el más importante sea el de responder a una democracia sólida y que actúa como ejemplo para otros países.
Editorial
La fundación FAES, que preside José María Aznar publicó no hace mucho un informe sobre las expectativas que generaba el nuevo Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. En ese trabajo señala que el mundo espera que Obama actúe con realismo y no se deje llevar por dogmatismos que, a fin de cuentas, pueden ser más contraproducentes que provechosos.
Obama deberá enfrentar temas que seguramente no resolverá en una gestión. Sus promesas pueden ser exageradas (el “sí se puede”) en virtud de una lectura realista de lo que sucede en el mundo, y de la dimensión de los problemas. Para Obama no será fácil resolver el problema de la inmigración hacia Estados Unidos; no le será fácil intervenir satisfactoriamente en el conflicto de Oriente Medio y, sobre todo, no le será fácil emprender un camino de recuperación de la economía norteamericana –y mundial.
En sus últimas palabras Obama ha tomado recaudos. Prefiere moderar todo lo que dijo en las campañas. Puede pensarse que es lícito que un candidato se muestre esperanzador en una campaña política que podría llevarlo a una presidencia. Pero cuando se trata del país más poderoso del mundo, todo toma otro significado.
Obama ha dicho que se puede. Que es capaz de modificar aquellos aspectos de la gestión política que tan duramente han criticado al (ex) Presidente Bush. Y que tiene la iniciativa para hacerlo. Pero esta auto-proclamada debe comprobarse en los hechos y es acertado, como hace FAES, pedir un poco de realismo y menos misticismo.
Obama ha acertado con un nombramiento fundamental, que es el de Hillary Clinton quien ya ha dado muestras de claridad en materia de política exterior. Ha reivindicado a Israel como un país democrático y sancionado a quienes aplican el terrorismo como método de presión. Seguramente encontrará en Clinton un bastón en quien apoyarse y, eventualmente, recibir consejo.
Pero también ha equivocado otras decisiones que revelan una cierta improvisación –o falta de experiencia- en el manejo del poder. Dos de sus nombramientos han sido revocados por la Justicia y la opinión pública por no tener los antecedentes que se esperan de un funcionario de ese nivel. Es decir, el sistema político americano ha dicho que un jefe del tesoro no puede evadir impuestos ni emplear a personas “en negro”.
Pues bien, Obama tiene ante sí muchos desafíos pero tal vez el más importante sea el de responder a una democracia sólida y que actúa de ejemplo para otros países. Deberá estar a la altura de la historia y responder al compromiso que implica ser presidente de los Estados Unidos. Y esto no puede lograrse mediante una declaración de intensiones sino con lo que algunos teóricos han llamado “política de la realidad”.
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