En una semana con temáticas variopintas, se destacó la reforma propuesta por Annan para la ONU y el giro que dio la investigación sobre el 11-M.
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Lunes, 16 de febrero 2026

En una semana con temáticas variopintas, se destacó la reforma propuesta por Annan para la ONU y el giro que dio la investigación sobre el 11-M.
EDITORIAL
Al comienzo de la semana, decíamos que Pekín no ha hecho otra cosa en los últimos meses que estrechar lazos de amistad con los países con los que EEUU mantiene peores relaciones: Cuba, Corea del Norte, Venezuela e Irán. Su última carta fue provocar a los norteamericanos amenazando atacar Taiwán.
Desde Kosovo a Irak, pasando por el conflicto nuclear con Corea del Norte, la actitud de los chinos había sido pasiva, un delicado perfil bajo. Como lo resumió el analista Suisheng Zhao, para Pekín lo importante era, después de lo ocurrido en la Plaza Tiannamen, “observar los acontecimientos con sobriedad, mantener nuestras posiciones, afrontar los desafíos con calma, ocultar nuestras capacidades y aguardar el momento oportuno, permanecer libre de ambiciones, no reclamar nunca el liderazgo.” Puede que esa visión ya nos empiece a quedar obsoleta.
El martes, sin la menor sombra de autocrítica, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, presentó un ambicioso paquete de reformas con el fin de dotar de confianza a una organización que está en sus horas más bajas, a pocos meses de cumplir su sesenta aniversario.
Annan ha focalizado su propuesta en base a los nobles objetivos de reducir la pobreza, reforzar la seguridad colectiva y el respeto de los derechos humanos. Son insignes metas que tienen como fin lavar la cara de una institución que en los últimos tiempos era noticia sólo por sus escándalos, su corrupción y su falta de transparencia.
El miércoles nos concentrábamos en la reunión de Ginebra. En primer lugar, porque puede que por primera vez en mucho tiempo Cuba se libre de recibir una condena internacional por sus violaciones a los derechos humanos. El año pasado Cuba perdió la votación por un voto gracias a una ofensiva diplomática de la UE, los EEUU y México. Pero este año, por el lado latinoamericano se presentarán varias abstenciones provenientes de los gobiernos incondicionales a la dictadura castrista como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Y ahora quizá también México, parte de un acuerdo más amplio para ganar votos caribeños para su candidatura para dirigir la OEA.
En segundo lugar, la última gira del canciller cubano Felipe Pérez Roque por Europa ha sido más que fructífera para los intereses de la isla-cárcel. Gracias al tráfico de prisioneros políticos, la UE le ha levantado a Cuba las sanciones impuestas en 2003 iniciando una etapa de acercamiento y diálogo. Aunque las sanciones podrían ser reactivadas en junio si el régimen cubano desoye las demandas humanitarias, es improbable que Cuba sea objeto de ataques europeos en Ginebra.
Finalmente, se supo que el gobierno de Estados Unidos está preparando una resolución de condena sobre la situación de los derechos humanos en Cuba que presentará ante la Comisión. Pero también es cierto que la Comisión está integrada –paradójica y activamente- por países violadores de derechos humanos como Sudán, Nepal, Paquistán, China, Libia hasta el año pasado y la misma Cuba. Estos países forman un bloque macizo e influyente que también pondrán sobre la mesa los informes sobre Guantánamo y Abu Ghraib.
El jueves no podíamos dejar pasar las revelaciones alarmantes que se daban a conocer acerca de la posible vinculación de gente del PSOE con la trama del 11-M. Aunque el Gobierno no quiera darse por enterado, la constatación de que personas muy próximas al PSOE mantenían contactos con quienes luego formarían parte de la trama del brutal atentado es un dato alarmante que merece ser investigado por la Comisión parlamentaria.
Es cierto que el partido socialista pretendía dar un carpetazo limpio a la Comisión desde hacía tiempo pero si no explica en detalle los lazos que unían a un dirigente de sus filas con los terroristas islámicos, la sensación que tendrá la ciudadanía será que se le está ocultando la verdad.
Al término de la semana, puntualizamos las dificultades que había entre EEUU y México para llegar a un acuerdo migratorio. Como Diario Exterior publicó esta semana, The New York Times advirtió al gobierno estadounidense que es muy factible que haya terroristas cruzando la frontera confundidos con los miles de emigrantes que anualmente cruzan utilizando a coyotes. El otro problema es el narcotráfico, cuyas ramificaciones de poder van más allá de Ciudad Juárez.
El descubrimiento reciente de un alto funcionario de la presidencia mexicana, que presuntamente filtraba información al crimen organizado, es sólo una muestra mínima del nivel de contaminación de las estructuras gubernamentales, empresariales y políticas que hay en el país de los aztecas.
México demanda con urgencia una reforma migratoria y recibe el recrudecimiento de las medidas antimigratorias como una afrenta pero el gobierno de Vicente Fox no hace tampoco sus deberes. Las promesas gubernamentales para terminar con el crimen organizado no han sido cumplidas.
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