Los 15,5 millones de potenciales electores están convocados para renovar los 325 escaños de la Cámara de Representantes. Estas elecciones, en las que se espera un fuerte ascenso de los islamistas, no tienen mucho significado político ya que es el Rey, Mohamed VI, el que elige finalmente al jefe de Gobierno y a los principales ministros. En las últimas elecciones la abstención rondó el 50 por ciento.
El 20% de los observadores denuncia problemas en los colegios
Las elecciones legislativas que hoy están teniendo lugar en Marruecos no están teniendo la alta participación que se esperaba y se confirma la baja participación. Los datos confirman que hasta las doce de esta mañana, tan sólo ha votado el 10 por ciento de la población y además en algunos municipios y colegios electorales los observadores internacionales no han podido ejercer sus funciones, por lo que se teme la posibilidad de fraude.
La misión internacional de observación en las elecciones legislativas de Marruecos, que hoy despliega un equipo por todo el país, teme que el retraso en la publicación de los resultados permita la manipulación y entorpezca su labor. En el informe elaborado como base para su trabajo en estos comicios, un grupo de observadores desplazados durante el mes de agosto ha alertado de que “cuanto mayor sea el retraso, más crecerá la preocupación de la opinión pública con respecto al fraude y la manipulación”. T
ambién han recordado que debido a la “compleja fórmula” que se aplica en Marruecos para distribuir escaños “la publicación de los resultados podría llevar algún tiempo después de que cierren los colegios”.
Todo el Poder en manos de mohamed IV
El escrutinio de las legislativas se hará sobre la base del sistema proporcional, con asignación de restos a la lista más votada, y sus resultados definitivos se conocerán el domingo por la noche, dos días después del cierre de los colegios electorales.
Los detractores de la actual situación política critican, sin embargo, que sea cual sea la decisión de los ciudadanos se mantenga la concentración de poderes en manos del monarca, Mohamed VI, quien ha excluido la limitación de sus competencias.
La certidumbre de que se trata tan sólo de un cambio de caras pero no de estrategia ha llevado a asociaciones como las de la etnia amazigh o bereber a apelar al boicot de las elecciones y a una reforma constitucional que permita la entrada de verdaderos cambios en el país.
Entre los puntos negros de las legislativas de este año figuran además casos de infracciones como la compra de votos, la intervención ilegal de funcionarios en favor de algunos candidatos y la utilización no autorizada de bienes estatales durante la campaña, según admitieron en agosto los ministerios de Justicia e Interior.
Asimismo, las fuerzas de seguridad han declarado el estado de alerta máxima desde principios de julio, con el refuerzo de los controles de fronteras y de las infraestructuras básicas, para evitar atentados suicidas como los siete que ya se han registrado en lo que va de año.
La regularidad de la jornada será controlada también por una cincuentena de observadores internacionales nombrados por el estadounidense Instituto Democrático Nacional para Asuntos Internacionales (NDI), que ha colocado al ex presidente boliviano Jorge Quiroga al frente de esa labor de vigilancia.
Con la situación bajo control y a escasas horas del inicio de las votaciones, trece días después del inicio de la campaña, los partidos políticos apuran ahora sus últimos momentos de cara a unas elecciones que periódicos como “Al Bayane”, fundado por el PPS, han calificado como “de la esperanza”. han de seguir antes de la apertura de los colegios así como a los comités de recuento de votos, añadió la misma agencia.
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