Desde la “revolución naranja”, que encumbró recientemente al poder en Ucrania al ex primer ministro Víctor Yúschenko, en Rusia se ha abierto un debate sobre si es o no posible un cambio democrático similar en este país y sobre quién podría liderarlo. Kasianov, ha apostado por los valores democráticos y prometido unir a los liberales divididos para revertir el creciente autoritarismo en Rusia
Kasianov anuncia su candidatura a la presidencia rusa
El ex primer ministro Mijaíl Kasiánov dio esta semana el pistoletazo de
salida para las presidenciales de 2008 al anunciar sus ambiciones políticas en
medio de crecientes debates sobre si en Rusia es posible una “revolución de
terciopelo”.
Tras un año de silencio desde su destitución, Kasiánov denunció
la falta de democracia en Rusia, criticó la gestión socio-económica del Kremlin,
instó a la unidad a las fuerzas liberales y adelantó su propósito de relevar en
2008 al actual presidente, Vladímir Putin. Kasiánov, hombre del entorno del
primer presidente Borís Yeltsin, fue jefe de Gobierno durante el primer mandato
de Putin (2000-2004) y es apreciado en Occidente como el artífice de la
estabilidad macroeconómica recuperada tras el colapso financiero de
1998.
Kasianov, ha apostado por los valores democráticos y prometido unir a los
liberales divididos para revertir el creciente autoritarismo en Rusia y relanzar
las reformas de mercado, que bajo el segundo mandato de Putin dieron paso a la
concentración de los principales recursos del país en manos del Estado. Rusia no
se ciñe a los “valores democráticos universales, como la separación de los
poderes, la justicia y la prensa independientes, el desarrollo de la economía de
mercado, la libertad empresarial, la defensa de la propiedad privada y el
pluralismo político”.
Desde la “revolución naranja”, que encumbró recientemente al poder en
Ucrania al ex primer ministro Víctor Yúschenko, en Rusia se ha abierto un debate
sobre si es o no posible un cambio democrático similar en este país y sobre
quién podría liderarlo. Kasiánov, con fama de economista liberal bien visto en
Occidente y dada su condición de ex primer ministro, fue tildado enseguida del
“Yúschenko ruso”, comparación que admitió incluso el líder del Partido
Comunista.
“Se está urdiendo un plan de ´Yúschenko ruso´, y
Kasianov es uno de los principales pretendientes a ese puesto y da el
pistoletazo de salida para la campaña presidencial”, señaló Ziugánov, al
destacar que el político anunció sus planes durante la cumbre de Bratislava.
Ziugánov, aunque atribuyó esos planes de “democratizar a Rusia” a Occidente,
admitió que en el país “ya se están dando las condiciones para una ´revolución
naranja´” a la rusa, en alusión al creciente descontento popular por una
dolorosa reforma social del Kremlin.
El ejemplo de Kasiánov lo siguieron inmediatamente otros dos conocidos
políticos y diputados, considerados leales al Kremlin: el ex comunista Guennadi
Selezniov, quien presidió la Duma rusa durante las dos legislaturas anteriores,
y el “ultra” Vladímir Yirinovski. Selezniov -visto como la alternativa, leal al
poder, al líder comunista Guennadi Ziugánov, quien estuvo a punto de frustrar la
reelección de Yeltsin en 1996-, expresó su voluntad de aspirar al Kremlin como
el principal “candidato de la izquierda”.
Con ese fin, anunció su
propósito de agrupar a las fuerzas de izquierda y “patrióticas”, no aliadas con
el PC opositor, en una Unión Patriótica, que definió como “un nuevo partido de
centro-izquierda, de marcado carácter social”.
Curiosamente, ese temprano arranque de la campaña presidencial se produce
en medio de renovadas denuncias sobre presuntos planes del Kremlin de remodelar
la Constitución y el Estado ruso para que la nomenclatura actual conserve el
poder después de que Putin complete su segundo mandato.
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