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Sergio Moro, el juez que puso de relieve la corrupción endémica del Brasil, apunta a la presidencia de su país

Brasil tendrá nuevamente elecciones presidenciales el año que viene. Tanto el izquierdista ex presidente Lula da Silva, que fuera encarcelado en su momento por corrupción, como el actual presidente, Jair Bolsonaro, se han inscripto ya en la carrera.

Pero puede, aparentemente, haber una tercera opción, la del ex juez, Sergio Moro, de 49 años de edad. Hablamos del magistrado que, desde Curitiba, dejó al descubierto, en el ya famoso Lava Jato, el feo mar de corrupción que, desgraciadamente, había inundado a casi toda la política brasileña.

En las actuales encuestas, Moro aparece ubicado tercero, detrás de los dos líderes antes nombrados. Bolsonaro es, por ahora, el que encabeza las preferencias de público, al menos a estar a los resultados de algunas de las principales investigaciones de opinión. Por escaso muy margen, sin embargo. Las próximas elecciones prometen, queda claro, ser reñidas.

Las propuestas económicas de Moro son neoliberales. Moderadas y bastante sensatas. Y destinadas –en general- a tratar de fortalecer el sector privado que, para Moro, es nada menos que la “máquina de crecer”. El dínamo de la economía, entonces.

Como consecuencia de las graves y valientes denuncias pasadas de SergioMoro, unos 280 políticos brasileños fueron ya condenados y encarcelados por corrupción. Y quedaron al descubierto unos cinco mil millones de dólares de pagos ilegales realizados, de “coimas”, concretamente. Una montaña de mala conducta, entonces. Histórico, por cierto.

Moro fue, por algún tiempo Ministro de Justicia en el gobierno de Bolsonaro, del que finalmente se separó indignado, tras unos 16 meses de colaboración, acusando de pronto a Bolsonaro de “interferir” en el funcionamiento de la Policía Federal brasileña. De manipular indirectamente a los jueces, en pocas palabras.

Moro probablemente especula con que prácticamente una tercera parte del electorado del Brasil hoy dice “no querer” votar.Ni por Lula, ni por Bolsonaro. Allí, precisamente, es donde percibe que podría estar su posibilidad, como oportunidad que pretende aprovechar.

Moro, sin embargo, tiene –él mismo- un alto índice de rechazo entre los posibles votantes brasileños. Del orden del 50%. Ocurre que muchos señalan que la condena a Lula fue la consecuencia de haber desatado una persecución política (“caza de brujas”) en su contra y que Moro fue, evidentemente, la figura absolutamente central en esa persecución, que no le perdonan.

Hablamos de hechos que son recientes, desde que ocurrieron en el año 2017. Hace nada, en consecuencia.

En un Brasil en el que está creciendo fuertemente la pobreza, las propuestas de Moro parecen, sin embargo, haber caído relativamente bien en los oídos de la comunidad empresaria.

Moro, por lo demás, no tiene ni el carisma personal de Lula, ni el “toque” de populismo que caracteriza a Bolsonaro. Y es, en rigor, un auténtico “novato” en el complejo mundo cotidiano de la política brasileña. Su aventura presidencial no será nada fácil.

Esto último podría, de repente, obligarlo a tener que pagar algún repentino “derecho de piso” que, dependiendo de las circunstancias, podría hacer descarrilar sus actuales ambiciosas pretensiones. El tiempo dirá, entonces.

No obstante, lo cierto es que Moro, para muchos, está ya“en carrera”, pese a que él, personalmente, no lo ha admitido aun expresamente. Sus movimientos y declaraciones lo delatan, sin embargo. Por ahora, al menos.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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