Shinzo Abe, actual portavoz del Gobierno nipón y más que probable sucesor del primer ministro Junichiro Koizumi, muestra la cara del ´hombre tranquilo´, mientras guarda bajo su impecable traje las garras de los ´halcones´ ultraconservadores japoneses.
La principal apuesta de Abe es precisamente la que más inquieta en Japón: reformar la Constitución
Nadie duda ya de que el próximo 20 de septiembre Abe será elegido nuevo presidente del Partido Liberal Demócrata (PLD) en el poder, puesto que le servirá en bandeja la jefatura del Gobierno nipón.
Las últimas encuestas difundidas por la agencia Kyodo conceden a Abe el 73,8 por ciento de la intención de voto de los miembros del PLD que elegirán el miércoles próximo a su nuevo presidente.
La dirección del PLD ha estado ligada al cargo de primer ministro más de medio siglo, tiempo en el que esa formación ha gobernado Japón, a excepción de once meses entre 1993 y 1994.
Para salir elegido en los comicios internos del día 20, el candidato ganador deberá contar con la mayoría de 703 votos, que suman los 403 de parlamentarios del PLD y los 300 de representantes locales de los 1,06 millones de afiliados del partido.
Según la encuesta, los dos rivales, el ministro de Asuntos Exteriores, Taro Aso, y el titular de Finanzas, Sadakazu Tanigaki, sólo obtuvieron el 15,1 y el 11,2 por ciento de apoyo respectivo.
El 26 de septiembre, el Parlamento japonés nombrará primer ministro al candidato que presente el PLD, con mayoría abrumadora en el Legislativo, es decir, ratificarán como jefe de Gobierno a su flamante presidente.
Tras más de cinco años en el poder, Koizumi deja la presidencia del PLD y a la vez su puesto de primer ministro con la misión bien cumplida: ha sentado los pilares sobre los cuales Abe, desprovisto de la simpatía excéntrica del todavía jefe del Ejecutivo, levantará un nuevo Japón sobre el que ya han expresado sus recelos dentro y fuera del país.
“El Hombre Tranquilo”
La principal apuesta de Abe es precisamente la que más inquieta en Japón: la reforma de la Constitución de 1947 para dar paso a una nueva Carta Magna que apoye el papel de ese nuevo Japón, un país acorde con su posición de segunda potencia económica del mundo. ´Quiero dejar claro a la gente que quiero ejercitar mi liderazgo promulgando una nueva Constitución que libere a Japón del lastre de su régimen posbélico´, afirmó hace unos días Abe, quien tiene muy presente su historia familiar en la política.
Su padre, Shintaro Abe, fue ministro de Exteriores y murió de cáncer en 1991 cuando optaba a la jefatura de Gobierno.
El conservadurismo de Abe es herencia de su abuelo, Nobusuke Kishi, primer ministro tras la II Guerra Mundial a pesar de que fue detenido como sospechoso de crímenes de guerra al concluir ese conflicto.
Uno de los objetivos políticos de Abe es, pues, cumplir el sueño de Kishi y derogar la Constitución pacifista redactada bajo la inspiración de los victoriosos Estados Unidos.
Los críticos con Abe afirman que este político de 51 años (si es elegido será el primer jefe de Gobierno nacido en la posguerra) puede empeorar si cabe más el prestigio de Japón en Asia avivando la rivalidad que Koizumi encendió con Corea del Sur y China.
El pasado mes de julio, Abe causó la sorpresa de propios y ajenos cuando, tras producirse el lanzamiento por Corea del Norte de siete misiles balísticos, el futuro primer ministro afirmó que ya era tiempo de considerar la posibilidad de ataques preventivos para descartar nuevas pruebas.
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