Mientras los llamados tribunales “gacaca” (mezcla de justicia ordinaria y tradicional) siguen juzgando a los miles de implicados en las matanzas de tutsis, Ruanda conmemora el undécimo aniversario del genocidio, en un constructivo ejercicio de memoria y de reflexión.
Al menos 120.000 personas podrían estar implicadas
Mientras la película que narra la historia del gerente del Hotel Mil Colinas,
Hotel Ruanda, da la vuelta al mundo con éxito de público y de crítica, y
el país vive los juicios populares para juzgar a miles de civiles implicados en
el genocidio de 1994, Ruanda conmemora el undécimo aniversario de las masacres
que aterrorizaron al mundo entero.
Coincidiendo con el aniversario, se
quiere exhumar y sepultar con dignidad los cadáveres encontrados en fosas
comunes repartidas por todo el país, según explicó el secretario general del
Ministerio de Cultura de Ruanda, Jean Pierre Karabaranga. Si bien la ceremonia
nacional a modo de recuerdo se celebra el 7 de abril (declarado por la ONU Día
Internacional para la reflexión sobre el genocidio), las conmemoraciones se
ampliarán durante toda la semana. Este año se celebrarán en la localidad de
Murambi, en la provincia de Umutara.
Ya el pasado lunes los ruandeses
pudieron asistir a la proyección de la película Hotel Ruanda, que está
arrasando por todo el mundo y narra la historia del gerente del Hotel Mil
Colinas, Paul Rusesabagina, que salvó la vida a 1.200 personas al refugiarlas en
el establecimiento, eso sí, sobornando a las milicias, muchas veces a cambio de
bebidas alcohólicas.
El flamante estreno de Hotel Ruanda se
proyectó en el estadio de Kigali y contó con la presencia de unas 10.000
personas. Entre ellas, destacaba el director de la película, Terry George. No
obstante, una de las ausencias más llamativas fue la del protagonista real del
filme, Paul Rusesabagina, que se hallaba enfermo y no pudo trasladarse desde
Bruselas, donde reside actualmente. Eso sí, su esposa Tatiana no quiso perderse
el evento.
Si el estreno de la película era, sin duda, el plato fuerte de
las celebraciones no ha sido la única actividad ni mucho menos. A lo largo de
toda la semana se celebrarán conferencias y otros muchos actos que buscan
recordar a las 937.000 víctimas oficiales que fallecieron en las matanzas que
sucedieron a la muerte del presidente Juvenal Habyarimana el 6 de abril de
1994.
A partir del magnicidio se dio inicio a uno de los mayores
episodios de exterminación de la historia en una estrategia planificada por las
autoridades hutus contra la etnia tutsi. Milicias, soldados y la propia
población civil llevaron a cabo esta masacre que ahora el Gobierno quiere evitar
que caiga en el olvido. Y es que, a día de hoy, siguen apareciendo fosas comunes
en Ruanda, precisamente porque los juicios están desvelando muchas ubicaciones
desconocidas.
Los tribunales
“gacaca”
Los denominados tribunales “gacaca”, que mezclan
elementos de la justicia ordinaria y de la tradicional, pretenden favorecer la
reconciliación y premian con reducciones de penas a quien confiesa sus delitos
antes del juicio. Los encausados son llevados al lugar en el que presuntamente
cometieron sus crímenes. Paneles de jueces, elegidos por y entre la población
según criterios de integridad moral, deciden luego el veredicto y la sentencia,
que puede ir desde la compensación mediante servicios comunitarios a la cadena
perpetua.
Nadie está exento de ser procesado, y la semana pasada el
ministro ruandés de Defensa, general Marcel Gatsinzi, compareció en un estadio
repleto de gente para defenderse de las acusaciones de participar en las
masacres cuando era miembro del antiguo ejército.
A través de estos
juicios el Gobierno busca agilizar la administración de justicia para pasar
página cuanto antes al genocidio. De haber quedado en manos de la Justicia se
hubieran necesitado al menos 125 años, teniendo en cuenta la alta participación
de civiles en las matanzas. El número de implicados podría rondar los 120.000.
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