La represión constante a la que Al Assad está sometiendo a su población parece no conocer límites, de tal modo, que los niños tampoco escapan a sus afanes liberticidas. Las sanciones hacia su régimen se suceden
El Mundo nos sirve dos noticias relacionadas con este país árabe que ilustran la precariedad en que se encuentran los derechos humanos. Por un lado, Francia ha denunciado maltratos por parte de las tropas de Assad a los niños en los colegios, sobre todo, si los niños llevan a cabo alguna protesta contra el régimen de Assad. Para
Alain Juppe, el gobierno sirio ha perdido hace ya muchos meses su legitimidad.
Por otro lado, la activista
Zainab Hosni fue decapitada, mutilada y despellejada en una cárcel siria. Su propia familia descubrió el cuerpo de la joven en un depósito de cadáveres. Su hermano Mohamed Deeb al Hosni, también activista, fue detenido y torturado, aunque antes de ello, se le obligó a firmar un documento en el cual descargaba toda responsabilidad del crimen en un “
grupo armado”.
El hecho de que Assad se mantenga firme en su postura y continue masacrando a la oposición, provoca que la organizaciones internacionales prosigan su cadena de sanciones a Damasco y ahora ha prohibido las inversiones en el sector petrolero sirio.
Catherine Ashton ha declarado que tales medidas “son necesarias” y con ellas se busca tener un “impacto máximo”.
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