Política

Tensa calma tras la feroz represión contra los manifestantes en Uzbekistán

Decenas de cadáveres yacían esparcidos por las calles de Andizhán, en el este de Uzbekistán, donde la situación permanecía muy tensa con un impresionante despliegue de las fuerzas de seguridad, mientras el presidente Islam Karimov acusó a los islamitas radicales del prohibido partido Hizbi Tahrir.

Organizaciones humanitarias hablan de 300 a 500 muertos
“Vi esta mañana tres camiones y un autobús en los cuales los soldados cargaron
300 cadáveres, en la calle frente al cine Chulkon”, explicó Lutfula
Shamsutdinov, y agregó que un tercio eran mujeres.

Por su parte, el
grupo de derechos humanos Appeal Zainatbitdinov aseguró que el total de muertos
podría llegar a 500. Unas 200 personas se reunieron en la plaza central de
Andizhán, ciudad de unos 300 mil habitantes, para rezar por las víctimas.


Reunidos frente a la sede de la administración regional, escenario el
viernes anterior de la violenta represión contra los manifestantes, dos
centenares de uzbekos se arrodillaron para rezar una oración musulmana que
concluye: “¡Sangre por la sangre! ¡Muerte por la muerte! ¡Iremos hasta el
final!”

Los habitantes de esta ciudad se preparaban para enterrar, en un
pequeño jardín de la plaza -antes del anochecer, según la costumbre musulmana-,
a 14 víctimas de estos actos de violencia.

Varios periodistas fueron
conducidos fuera de la ciudad, prácticamente aislada del mundo por las fuerzas
del orden uzbekas. Sólo la televisión oficial dio una versión de los
acontecimientos, y la transmisión de cadenas extranjeras como la estadunidense
CNN y la británica BBC está bloqueada desde el viernes.

Ante el hospital
central de Andizhán, la cuarta ciudad del país, hombres armados impedían todo
acceso a los heridos, y la mayoría de los médicos prefirió no dar ninguna
información.

La situación continuaba caótica en esta localidad, en la
que varias personas protestaron ante la administración contra el gobierno, que
el viernes ordenó disparar contra la muchedumbre que animaba a los insurgentes y
pedía mejores salarios y más democracia.

En cambio, el presidente uzbeko,
Islam Karimov, responsabilizó a extremistas islámicos de la ola de violencia.
“Quieren llevar a cabo un golpe de Estado y erigir un Estado teocrático
musulmán”, declaró en rueda de prensa en Tashkent, capital uzbeka, en referencia
a insurgentes que habían ocupado el edificio de la administración regional de
Andishan. Muy cerca de allí se llevaba a cabo la manifestación.

Según
Karimov, un ex dirigente comunista que lleva 15 años en el poder, más de diez
agentes de las fuerzas de seguridad perdieron la vida. “En el bando de los
delincuentes se cuentan muchas más víctimas mortales y centenares de heridos”,
subrayó mientras continuaban los disturbios en la región del valle de Fergana,
al este del país, un bastión islamista.

Dura
condena europea


En un inusualmente categórico comunicado,
la Unión Europea responsabilizó al gobierno de Karimov por la masacre de
civiles. Rusia, cabeza del régimen al que pertenecía Uzbekistán y alarmada por
una reciente serie de revoluciones contra gobiernos en ex repúblicas soviéticas,
manifestó su apoyo total a Karimov. Washington exhortó a la calma en el país
caucásico.

La Comisión Europea atribuyó al presidente Karimov al menos
parte de la responsabilidad en los episodios de violencia en Andiján y reclamó
soluciones pacíficas.

“La situación actual es resultado de una carencia
de respeto al estado de derecho y los derechos humanos por parte del gobierno”,
dijeron.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú