Política

Turismo presidencial

Uribe acierta al decir que este tipo de reuniones ya empieza a incordiar a una opinión pública ávida de soluciones y respuestas.

Editorial

Las Cumbres “hay que volverlas útiles” declaró ayer el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, a su llegada a Salamanca para asistir a la XV Cumbre Iberoamericana que hoy se inaugura en esta ciudad castellana. Uribe ampliaba su declaración diciendo que “hay tantas cumbres y tan seguidas” que “éstas se vuelven detestables” porque se convierten en “turismo presidencial”.


Aunque la XV Cumbre Iberoamericana, que reunirá el viernes y sábado a jefes de Estado y de Gobierno de 22 países, se ha puesto como meta huir de la retórica e ir directamente al centro de los problemas que afectan a la región, esto no deja ser parte de la misma retórica y muchos le dan la razón a Uribe sobre lo improductivas que suelen ser este tipo de reuniones.


Tomemos el caso de la última Cumbre del Milenio, la reunión de jefes de Estado más grande jamás vista, que no obtuvo ningún tipo de resultado positivo concreto más allá de la pompa y circunstancia con la que los mandatarios suelen aderezar sus declaraciones a la prensa.


Lo mejor que le puede ocurrir a esta Cumbre es que sus participantes no pretendan cambiar el mundo en dos días sino plantearse objetivos humildes que puedan cumplir. De otra forma, seremos testigos de más “turismo presidencial” como llamó con acierto Uribe a esta nueva forma de hacer política exterior.


Cabe agregar que en el caso de la Cumbre de Salamanca es bochornoso el rol del Gobierno español otorgándole protagonismo estelar y gratuito a dos mandatarios impresentables como Fidel Castro y Hugo Chávez, auténticos fabricantes de miseria que aprovecharán esta cita para autopromocionarse descaradamente ante la mirada complaciente del Gobierno de Rodríguez Zapatero.


Que sea Uribe quien haya alertado sobre la posible pérdida de tiempo de esta Cumbre no es casualidad. El presidente colombiano libra una batalla cotidiana contra la violencia en su país que lo obliga a velar todo el tiempo en pos de la seguridad. Gracias a que Uribe no busca la foto de la portada de mañana sino resultados cabales y palpables, Colombia está en un período histórico donde por primera vez en mucho tiempo un presidente es respetado y admirado dentro y fuera del país.

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