Política

Turquía quiere liderar el Oriente Medio Árabe

El G8 se reunió y, como era de esperar, tuvo palabras hacia las llamadas revoluciones árabes. Mucho dinero se ha prometido para que hagan frente a la transición.

Esperanza con moderación han caracterizado los análisis de este privilegiado grupo de países de los cuales ha oficiado como portavoz Alain Juppe, en cuya declaración final, se resumen todos los puntos de vista relatados: “se originó de las aspiraciones de los pueblos de la región por una mayor libertad, justicia y dignidad humana. Es un reto tanto político como económico que exige acción inmediata y concertada”.
Erdogan ha suspendido las conversaciones con Siria, una vez se reunió con Obama . El mandatario turco lo argumentó señalando que Damasco está llevando una campaña de propaganda contra su país, hablando incluso de “contrabandistas turcos”.
Obama, mientras tanto ha mantenido su promesa de apoyo a los rebeldes libios, al mismo tiempo que se ha mostrado cauto con el futuro democrático a corto plazo de este país del norte de África. Gadaffi, por su parte, insiste en que su régimen no está terminado.
Sobre Turquía, Carmen Gurruchaga en La Razón, contextualiza la actuación de su gobierno, explicando que, rompió relaciones con Israel, una vez tuvieron lugar las revueltas en el norte de África.
“Las revueltas no terminan en el mundo árabe, pues Siria y Yemen, con sus dictadores aún en el poder, siguen masacrando a su población. Las fuerzas de Al Asad han  matado a 2.700 personas y el mandatario yemení, Ali Abdala Saleh, reprime brutalmente a sus detractores. En la sombra, el reconocimiento o no de un Estado palestino respetando las fronteras de 1967 que se debatirá esta semana en la Asamblea General de la ONU.
Mientras, Turquía ha movido ficha al romper relaciones con Israel, y el primer ministro Erdogan se ha apresurado a visitar las capitales de los tres países en los que las revueltas han derrocado a los gobiernos autócratas, apoyados en su día por Occidente para frenar la expansión de la marea islámica iniciada en Irán.
Quizás para evitar que la jugada de Erdogan surgiera efecto, Francia y Reino Unido se adelantaron al dirigente turco en su visita a Libia. Ahora Turquía emerge como potencia regional, en lo que supone el  triunfo de un cambio iniciado en 2002 por el ex alcalde de Estambul. Erdogan puede erigirse en líder del norte de África por su modus operandi, que concilia práctica religiosa con un estilo de vida moderno. Y más en un momento en el que tras el desmoronamiento de las dictaduras no termina de aparecer el precioso paisaje dibujado al inicio de las protestas”.

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