Desde 2000 han arribado a Estados Unidos seis millones de inmigrantes, 59% de América Latina y 23% de Asia. De continuar esta tendencia, la inmigración a Estados Unidos podría alcanzar 14 millones de personas en esta década y superaría los 12 millones registrados en 1990. En Arizona una asociación civil norteamericana exige la presencia de paramilitares en la frontera con México para frenar la inmigración. De los 11 millones de “sin papeles”, seis millones son mexicanos.
La población indocumentada, según el informe, aumentó el 23% entre 2000 a 2004
La investigación señala que 2.5 millones de indocumentados, casi una cuarta parte del total, son de países latinoamericanos; 9.0 por ciento de Asia; 6.0 por ciento de Estados Unidos, Europa y Canadá, y 4.0 por ciento del resto del mundo. La investigación, realizada por el demógrafo Jeffrey Passel, utilizó datos de la Encuesta de la Población Actual de marzo de 2004, que elabora la Oficina del Censo y el Departamento de Trabajo.
Debido a que ninguna entidad federal cuenta a la población indocumentada, el centro utilizó la aceptada metodología de sustraer la cifra de la población legal del total de extranjeros. Desde mediados de la década de 1990, el crecimiento más rápido de inmigrantes indocumentados ha sido en estados donde previamente había relativamente pequeñas poblaciones nacidas en el extranjero.
Como resultado, los estados de Arizona y Carolina del Norte están entre los que registran el mayor número de indocumentados. Aunque la mayoría de los inmigrantes indocumentados son jóvenes adultos, también hay una gran cantidad de menores de edad. Una sexta parte de la población, un millón 700 mil personas, son menores de 18 años. En la pasada década, el número de indocumentados agregado a la población estadounidense promedió entre los 700 mil y 800 mil anualmente. El estudio indicó que entre 80 y 85 por ciento de la migración de México en años recientes ha sido indocumentada.
Los mexicanos representan 32% de la población total nacida en el extranjero, una cifra elevada, pero no mayor que la representada por inmigrantes irlandeses y alemanas a mediados y finales del siglo XIX. Casi las dos terceras partes de los indocumentados, 68 por ciento, vive en ocho estados del país. La lista es encabezada por California, con 24%; seguido de Florida (9.0), Nueva York (7.0), Arizona (5.0), Illinois (4.0), Nueva Jersey (4.0) y Carolina del Norte (3.0).
Agendas políticas comunes
Los temas de inmigración y seguridad fronteriza fueron tocados solo al pasar por las agendas de Bush y Fox en el último encuentro que mantuvieron con motivo de la formación de la Comunidad de Norteamérica.
Ninguno de los dos mandatarios tiene previsto la firma de ningún acuerdo de reforma migratoria, un asunto que la Federación para una Reforma Inmigratoria en América (FAIR) considera “un problema creciente” debido al incremento del número de indocumentados.
La idea de utilizar paramilitares, descartada de plano
“Estoy en contra de los vigilantes en EEUU. Estoy a favor de hacer respetar la ley de una forma racional para eso existe la Patrulla Fronteriza”, enfatizó Bush en la reunión que hacíamos mención. Fox resaltó la declaración pública del mandatario estadounidense de regreso a México y señaló que la misma implica que “el Gobierno americano sea el que garantiza la seguridad de las fronteras y no los particulares”.
En Tombstone (Arizona, EEUU) un grupo de ciudadanos estadounidenses contrarios a la inmigración ilegal prevé reunirse el próximo 1 de abril para durante treinta días bloquear “el ingreso de indocumentados” al país. Este grupo, Minuteman Project, toma su nombre de una milicia civil existente en los comienzos de la guerra por la Independencia de EEUU y en su sitio de internet donde señala que la iniciativa “es una campaña popular que convoca a los estadounidenses para la defensa de su patria”.
La acción está basada en la que realizaron los Minutemen originales, de Massachusetts y otras colonias, a fines del siglo XVIII. Fox estimó que Bush tomó en cuenta “la demanda y exigencia nuestra, la advertencia muy clara, de que nosotros actuaremos con contundencia en cuanto se presente cualquier acto ilegal, cualquier atropello a la dignidad de las personas, cualquier atropello a los derechos humanos por parte de estos grupos”.
“Los dos Gobiernos estamos muy claros en actuar para que no se rompa la ley, para que no se violen derechos humanos”, concluyó Fox.
Problema creciente
“Los indocumentados son un problema creciente y la mayoría del pueblo estadounidense está en favor de tomar medidas firmes para frenar el problema de los indocumentados”, dijo Jack Martin, director de Proyectos Especiales de FAIR, en Washington. “Cada vez más estamos viendo que los políticos que no escuchan el mensaje de la opinión pública están corriendo el riesgo de no ser reelegidos, como sucedió con Gray Davis en California”.
El informe de Pew, denominado Estimaciones del tamaño y las características de la población indocumentada revela que la población indocumentada aumentó el 23% entre 2000 a 2004, de 8.4 millones a 10.3 millones. Sin considerar su estatus legal, la población total de Estados Unidos que nació en el extranjero fue de 35.7 millones en 2004, y los residentes de origen mexicano forman el mayor grupo con más de 11 millones (32%). De esta cifra, se considera que seis millones son indocumentados.
Basándose en datos del Departamento de Trabajo y la Oficina del Censo, el informe del Pew Hispanic Center calcula un aumento neto de aproximadamente 485 mil personas al año que ingresaron sin documentos a Estados Unidos, entre 2000 y 2004. La estimación fue obtenida al restar el número de inmigrantes no autorizados que abandonan Estados Unidos, mueren o adquieren residencia legal del número de nuevos indocumentados que arriban cada año.
“Sabemos que es muy difícil evitar que la gente cruce [la frontera] para venir aquí”, dijo Jeff Passel, el demógrafo de Pew Hispanic Center y autor principal del reporte. “El asunto se sintetiza en la economía, porque los inmigrantes vienen a Estados Unidos a mejorar sus condiciones de vida, a pesar de que no ha estado demasiado fuerte y la [economía] de México está peor, además que no ha creado suficientes empleos “.
Últimos años
Las regiones hacia donde se ha desplazado el mayor flujo de indocumentados en los últimos años son Arizona y Carolina del Norte. “No sé lo que pasará en los próximos años; preferiría hablar de los próximos 50 años y así ya no debería preocuparme por este asunto”, dijo Passel, quien desde 1979 ha estudiado el fenómeno migratorio. “Los inmigrantes viajan a los estados donde hay políticas de mayor generosidad hacia los inmigrantes y la tendencia es que tienen las economías más fuertes [del país]´´.
El estudio del Pew Hispanic Center sostiene que mientras en 1990 apenas 400 mil personas indocumentadas vivían en 38 estados del país, aunque la población indocumentada se incrementó en 3.9 millones de personas. “Todo dependerá de lo que pase en México, donde se espera que habrá menos presión demográfica y laboral en los próximos años debido a que los índices de natalidad han venido disminuyendo en dos décadas”, dijo el experto. “Pero habrá que esperar a saber si [México] es capaz de responder con empleos… Hasta ahora no lo ha hecho”.
Remesas extraordinarias
Unos seis millones de inmigrantes latinoamericanos periódicamente envían dinero a sus familias desde los Estados Unidos. Este año esas transferencias a países de América Latina y el Caribe podrían llegar a los 30.000 millones de dólares, una suma que constituye el mayor flujo de remesas en el mundo, según un informe difundido hoy por el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo y el Pew Hispanic Center.
Estos recursos llegan a amplios segmentos de la población de la región. En México, 18 por ciento de los adultos reciben remesas; en El Salvador estas transferencias benefician a 28 por ciento de los ciudadanos. El impacto de este dinero ya no se limita a las zonas rurales o a las personas pobres. Vistos en conjunto, estos indicadores sugieren que el movimiento de las remesas en las Américas ha cruzado un umbral, no sólo en términos de volumen, sino de su significado.
“Estas remesas son la expresión de los profundos lazos emocionales entre personas separadas por fronteras”, comentó Roberto Suro, director del centro de estudios Pew Hispanic Center. “También representan una nueva forma de integración internacional impulsada no por negociadores comerciales sino por personas comunes que buscan aliviar sus penurias económicas”.
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