La actitud del religioso Luiz Cappio para modificar un proyecto hídrico de 2.000 millones de dólares, tiene al gobierno de Lula en permanente tensión. El obispo responsabilizó al presidente de lo que suceda con su vida y abogó por una modificación de todo el trazado. “Le pido al Espíritu Santo que lo ilumine para que él (Lula) no cargue por el resto de su vida ese peso en la conciencia. No quiero morir, pero entregaré mi vida si es necesario”, prometió el prelado.
Lula debió enviar al Ministro de Relaciones Exteriores a negociar
Justo cuando parecía amainar la crisis política que se desató en junio pasado por denuncias de corrupción contra su gobierno, y que le costó el puesto a un ministro junto a toda la directiva del partido oficialista, al presidente Lula da Silva le apareció un nuevo frente de conflicto.
Esta vez se trata de un luchador solitario: Luiz Flavio Cappio, el obispo católico de una pequeña ciudad del estado de Bahía, quien se ha declarado en huelga de hambre contra la ejecución de un proyecto hídrico que el presidente considera vital para el desarrollo del noreste del país, una región castigada por la sequía.
La actitud del religioso tiene al gobierno con los nervios de punta, ya que el obispo responsabilizó directamente al presidente Lula de lo que suceda con su vida. “Le pido al Espíritu Santo que lo ilumine para que él (Lula) no cargue por el resto de su vida ese peso en la conciencia. No quiero morir, pero entregaré mi vida si es necesario”, prometió el religioso de 59 años, que desde el pasado 26 de septiembre sólo acepta tomar agua y promete resistir hasta el fin.
“Sólo vamos a sentarnos en la mesa de negociación cuando el espectro del proyecto actual haya desaparecido, cuando haya sido descartado,” dijo el obispo Luiz Flávio Cappio luego de bañarse en el río Sao Francisco, centro de la polémica.
Cappio afirma que ayunará hasta que el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva desista del plan de desviar aguas del río para llevarla a regiones azotadas por sequías persistentes en la semidesértica región. El prelado cumple la protesta en una pequeña capilla en las márgenes del Sao Francisco, cerca de la ciudad de Cabrobó, en el estado de Pernambuco y donde se instalaría una de las estaciones para retirar agua del río.
En Sao Paulo, Lula dijo que respeta la posición del obispo y consideró posible llegar a un acuerdo, para lo que decidió enviar a Cabrobó al ministro de Relaciones Institucionales, Jaques Wagner, para dialogar con el prelado.
“Creo que la obra (hídrica) tiene un fuerte carácter social, creo que el obispo tomó una posición personal, que respeto, porque yo también ya tomé en mi vida una decisión de hacer huelga de hambre,” dijo a periodistas.
“Pero creo que todas las personas que toman la decisión de hacer huelga de hambre son personas que tienen grandeza, por eso estoy consciente de que vamos a encontrar una solución,” agregó.
El proyecto, prioritario para el gobierno de Lula y que contempla inversiones por casi 2.000 millones de dólares, prevé tomar 26.000 litros de agua por segundo del río para alimentar cursos intermitentes y reservorios en regiones semiáridas.
Pero sus críticos sostienen que no beneficiará principalmente a los pobres como dice el gobierno y que perjudicará más al río, ya degradado por represas hidroeléctricas, la deforestación de sus márgenes y contaminación.
El obispo Cappio, un franciscano que el martes cumplió 59 años, sostiene que llevará su ayuno hasta las últimas consecuencias. “No quiero morir. No creo que la situación va a llegar a eso,” declaró.
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