El Salvador no deja de crecer; su éxito explica por qué la libertad es la mejor arma frente al populismo.
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Viernes, 23 de enero 2026

El Salvador no deja de crecer; su éxito explica por qué la libertad es la mejor arma frente al populismo.
EDITORIAL
La semana pasada Diario Exterior fue el único medio español que asistió a la conferencia del ex presidente salvadoreño Francisco Flores en el evento Liberty Forum organizado por el think tank Atlas Foundation.
Flores ofreció un excepcional discurso en un tono muy personal en el cual explicó por qué cree fervientemente en la libertad y en la defensa de sus valores y qué fue lo que hizo que dejara la tranquila y segura vida estudiantil en Boston e Inglaterra para involucrarse de lleno en la convulsionada situación política de su país natal.
Flores recordó como después de la caída del presidente José Napoleón Duarte en 1970 su país comenzó una prolongada guerra civil que no acabaría hasta 1992. En esos días la guerrilla marxista se armó con la insurrección como bandera y el enfrentamiento militar como el único modo de conseguir el cambio para, hacia 1979, llevar la guerra izquierdista guerrillera a las ciudades y el campo.
Allí comenzó una espiral de violencia que tuvo desde represión policial y ajusticiamientos populares hasta matanzas indiscriminadas con el protagonismo estelar de las guerrillas de izquierdas unificadas bajo el paraguas nominal de Farabundo Marti Frente Nacional de Liberación (FMLN).
Flores mencionó que no podía ignorar lo que sucedía en su país: “Porque la manifestación esencial de la libertad es elegir nuestro camino, yo cambié la seguridad de las universidades por la libertad. Hay mucha sensación de seguridad cuando uno sigue una vida acorde a lo que le dicta la propia conciencia”. Por eso Flores regresó y se involucró y con 28 años fue elegido miembro del congreso, y con 36 presidente del mismo para terminar ser elegido presidente del país con sólo 38 años.
“No hay mérito personal en ese logro. Fue el pueblo salvadoreño el que me eligió a sabiendas de que un político tan joven no podía estar ligado a las generaciones de políticos anteriores que destrozaron el país”. Su mensaje, sin embargo, no era colocarse medallas sino resaltar que su país había sido abandonada a su suerte por la guerra, los huracanes y los terremotos. ¿Un final ineluctable? Nada de eso, dijo Flores.
Hoy El Salvador ha dejado de ser un país paupérrimo y tiene una de las tasas de crecimiento más altas del mundo gracias a la defensa del libre mercado y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. “El secreto es que hoy los salvadoreños son dueños de su destino y tienen la posibilidad de elegir a sus gobernantes, como así también los productos que deseen comerciar y consumir. Esto ha traído una prosperidad sin procedentes en tan sólo diez años”.
La última apuesta es por la cooperación y la integración. Dice Flores: “La necesidad de un pobre es una oportunidad para otros”. Y alerta sobre el populismo: “Libertad y responsabilidad son las dos caras de la misma moneda. Echar la culpa a otros de nuestras propias desgracias; eso es en esencia, el populismo”.
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