Política

Una historia plagada de actuaciones a escala mundial

El FMI nació con la voluntad de evitar situaciones de crisis económica mundial, aunque en los últimos años ha tenido que reconsiderar su tarea.

DESPUÉS DE 60 AÑOS
Los impulsores de Bretón Woods intentaban evitar que se repitiesen episodios
como la Gran Depresión y la crisis económica que asfixió a Alemania tras la
Primera Guerra Mundial, creando el caldo de cultivo para la segunda contienda
mundial.

Sesenta años después, los principales retos del Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial están marcados por la acelerada
globalización de los mercados iniciada en los años noventa, tras la caída del
muro de Berlín.

Pero repensar los objetivos y la manera de funcionar de
organizaciones como el FMI y el Banco Mundial no es fácil. A lo largo de seis
décadas, ambos han ido transformándose a golpe de hechos consumados y han visto
cómo sus principales accionistas iban ganando peso e intentaban servirse de
ambas instituciones para influir en la actuación de otros gobiernos.

Los
objetivos fijados en la Conferencia de Bretton Woods se han mantenido, pero las
recetas para conseguirlos han ido cambiando con el paso de los años. El proceso
resulta especialmente notable en el caso del FMI, que ha pasado de guardián del
sistema monetario mundial a gestor de crisis de distinta naturaleza.

Al
FMI le fue encomendada la defensa del sistema de Bretton Woods, que determinaba
un tipo de cambio fijo con el oro como patrón. En 1971, la retirada de EE UU
hizo saltar por los aires el sistema. Se implantó entonces un modelo de tipos de
cambio variable y el Fondo tuvo que reconvertirse. Entonces tuvo que pasar de
ser el guardian a convertirse en el médico de las crisis financieras. Las crisis
del petróleo de 1973 y 1979 impulsaron ese tránsito.

Más intervenciones de emergencia

La actividad
de apagafuegos del FMI fue especialmente notable en los años noventa, durante
las sucesivas crisis de México (1995), Asia (1997), Rusia (1998) y Turquía
(2000). Los préstamos condicionados fluían, pero ya se perfilaba la preocupación
por el contagio de las crisis debido a la creciente globalización económica.


Y cada vez más voces hablaban de que las propias recetas del FMI,
impulsadas principalmente por el Tesoro de EE UU, habían propiciado el estallido
de la crisis en Asia, al promover la llegada masiva a la región de capital
especulativo.

El FMI empezó entonces a trabajar en mecanismos de alerta
temprana y prevención, aunque no siempre con éxito. Las Líneas de Crédito
Contingentes, creadas en 1999, nunca se usaron. Pero la labor preventiva volvía
a perfilarse con las Cláusulas de Acción Colectiva, que despejan el camino de la
negociación en caso de bancarrota de deuda soberana.

El caso de la ayuda
a Asia resultó especialmente polémico porque suponía otra desviación del FMI.
Hasta entonces, el Fondo había atendido a países muy pobres sin acceso al
capital privado, a aquellos en transición a la economía de mercado y a los muy
endeudados. Los tigres asiáticos (Tailandia, Corea del Sur, Indonesia) no
encajaban en este perfil, pero la geopolítica obligaba a actuar.

Las
críticas arreciaron poco después, cuando saltaron por los aires las recetas del
FMI para Latinoamérica, una región tutelada desde hacía años por el organismo.
Brasil, Argentina y Turquía acaparan hoy el 70% de los créditos del FMI y
afrontan con razonable temor la posibilidad de un alza de tipos de interés.


Las intervenciones de ayuda

Sin
embargo, la actuación del Fondo también ha estado cuajada de éxitos. El
organismo ha conseguido que las economías socorridas crezcan y que, pese a los
vaivenes de la economía a escala mundial, exista una estabilización global lo
suficientemente sólida como para que la economía mundial crezca este año un
4,6%.

En cuanto a la lucha contra la pobreza, objetivo que atañe
fundamentalmente al Banco Mundial, también se han conseguido avances, sobre todo
en Asia y Latinoamérica. El principal foco de preocupación en este campo sigue
siendo África, la eterna asignatura pendiente de la economía global.


Sólo recientemente el FMI ha asumido errores en Argentina. Pero hace
tiempo que críticos como Joseph Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial y
Nobel de Economía, cuestionan la eficacia de los programas de estabilización
impuestos por el Fondo.

Lo único en lo que los críticos se ponen de
acuerdo es en que hay que reformar las instituciones de Bretton Woods, redefinir
sus estrategias y conseguir que los mecanismos de prevención funcionen.

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