AGENCIAS / EDE.- Lejos estuvo de ser una operación secreta o discreta. El regreso de Zelaya a territorio hondureño duró apenas una hora, lo justo para que posara ante un cartel de “Bienvenidos a Honduras”. Cuando los soldados leales a Micheletti le indicaron que esperaban órdenes precisas para arrestarlo, volvió a Nicaragua. Sus pasos estuvieron siempre acompañados por una nube de cámaras de televisión.
AMÉRICA / Apenas una hora estuvo en su país
Una hora ha durado el regreso del depuesto presidente Manuel Zelaya a Honduras. La caravana de automóviles proveniente de la ciudad nicaragüense de Esteli arribó a la localidad fronteriza de Las Manos, ignorando por completo los llamamientos de la OEA y de EEUU ante el peligro de que estallara la violencia. En todo momento, Zelaya estuvo acompañado por el canciller venezolano, Nicolás Maduro, y por cientos de sus seguidores que se agolparon a uno y otro lado de la frontera.
Rodeado de periodistas y cámaras de televisión, Zelaya levantó una cadena que separa Honduras y Nicaragua, dio unos pasos, poso ante un cartel que daba la bienvenida a su país e inmediatamente volvió a cruzar la frontera.
Muy cerca de allí, cientos de soldados y policías leales al Gobierno de Roberto Micheletti recibieron la orden de permanecer atentos y no arrestar a Zelaya o enfrentarse a sus seguidores. En una entrevista concedida a la cadena de televisión CNN en español, Micheletti aseguró que de haber sido detenido, “hubiéramos provocado un pleito internacional”. Sin embargo, aseguró que si Zelaya vuelve a ingresar a Honduras se cumplirá la orden de captura en su contra, emitida por la Fiscalía tras el golpe de Estado del 28 de junio, por dieciocho delitos contra la Constitución y por cargos de corrupción.
Antes de su arribo a la frontera, Zelaya había pedido a las fuerzas militares que “no usen la violencia, ya que tengo el derecho legítimo de regresar a mi país y atender el mandato que el pueblo hondureño me dio”. Mientras cruzaba la zona limítrofe, declaró que sólo está defendiendo sus derechos “y que los señores que están en esta actitud deben bajar sus fusiles y dialogar, yo creo que en el mundo está en riesgo el sistema democrático y no debemos ceder en este campo”. En cuanto a la posibilidad de que las autoridades de facto lo apresen, afirmó que la justicia de los “golpistas es una justicia nula”, por ello indicó que si lo detiene el régimen de facto “cometería un gran error porque esa situación no la aceptaría nadie”.
El espectáculo
El fugaz regreso de Zelaya a Honduras fue un circo mediático y nada discreto. Con su clásico sombrero y rodeado de periodistas, estuvo dando entrevistas y hablando hasta con dos teléfonos a la vez. Tras levantar la cadena fronteriza y tocar el letrero de “Bienvenidos a Honduras”, un militar se acercó y le estrechó la mano. Zelaya le dijo: “Yo soy el presidente constitucional de Honduras, y por lo tanto su comandante en jefe, coronel”. El militar le respondió que “en cuanto tengamos la precisión de detenerlo, lo haremos”. El regreso a Nicaragua se produjo de inmediato no sin antes asegurar que había hablado con tres asesores del Gobierno de Micheletti.
Unos cuantos metros más adelante, los soldados y policías hondureños, apoyados por helicópteros, impedían el paso a cientos de “zelayistas”. La tensión dio paso al enfrentamiento cuando los seguidores de de Zelaya intentaron romper el cerco. Los efectivos utilizaron gomas de bala y gases lacrimógenos.
Desde Tegucigalpa, el Gobierno ordenó que el toque de queda en la región fronteriza con Nicaragua se aplicará este sábado doce horas más. Desde las seis de la mañana a las seis de la tarde estará prohibida la circulación en “toda la zona fronteriza con la República de Nicaragua y todo el departamento de El Paraíso”. El portavoz presidencial, René Zepeda dijo que la disposición se tomó “con el exclusivo propósito de proteger las tranquilidad, la vida y los bienes de las personas”.
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