Política

Nicaragua, el retorno del peor recuerdo

El FSLN dejó sumida a la República de Nicaragua en la más onda división y postrada por años de violencia y enfrentamiento civil. La retórica igualitarista de Ortega constituyó sólo una pantalla donde los de nicaragüenses vieron reflejada su miseria, pero que sólo resultó un instrumento de poder y división social, tras los años del somozismo.

Editorial
Las elecciones en Nicaragua pueden deparar las más inesperadas sorpresas. Al de por sí problemático estado cosas, en un país que cuenta con los más altos índices de pobreza y marginalidad, se suma un nuevo intento por parte el ex sandinista Daniel Ortega por acceder al poder y restaurar antiguos emblemas de revolución para todos.
 
La participación del otrora referente sandinista oscurece la contienda electoral en ese país, y refleja la dificultad de su clase política por producir nuevos líderes, y nuevas ideas.
 
Dicen quienes lo conocen, y según pudo averiguar Diario Exterior, que Ortega está dispuesto a olvidar las antiguas banderas del marxismo más extremo, y promover una política de mayor concordia dedicada ahora, al reformismo. Los dichos son, sin embargo, difíciles de asimilar, teniendo en cuenta la retórica populista hábilmente utilizada por el sandinismo (convertido luego en pandilla guerrillera) en los tiempos de la Guerra Fría y de los escándalos con los contras.

El FSLN dejó sumida a la República de Nicaragua en la más onda división y postrada por años de violencia y enfrentamiento civil. La retórica igualitarista de Ortega constituyó sólo una pantalla donde los de nicaragüenses vieron reflejada su miseria, pero que sólo resultó un instrumento de poder y división social, tras los años del somozismo.

La Comisión Permanente de los Derechos Humanos en Nicaragua ha acusado a Ortega y a otros miembros del régimen sandinista, de actuar en la matanza de indígenas miskitos entre los años 1981 y 1982, incluyendo las figuras de genocidio y crímenes de lesa humanidad.

Consignas cargadas de sangre

Con un alto nivel de intención de voto, Ortega podría acceder al poder nuevamente. No es disparatado pensar en esta posibilidad, y en un retorno de viejas consignas demagógicas cargadas, además, de la sangre de su pueblo. La extendida pobreza y los sucesivos desencantos políticos hacen que el contexto nicaragüense sea proclive a estas expresiones. Claro está, con la posibilidad de sufrir un altísimo costo en todos los sentidos.

Como era de esperar, Ortega se muestra cercano a Chávez y a su dádiva petrolera. Sabe que éste puede constituir un aliado fundamental y que puede ayudarlo a “convencer” al pueblo de que ahora su misión es brindar caridad y asistir a los conminados. Esto sumado a la admiración que el movimiento orteguista expresa hacia la figura del dictador Castro y a su revolución “sin precedentes”.

Esta semana Diario Exterior publicaba una nota de Carlos Alberto Montaner titulada “Nicaragua, otra vez el miedo”. A través de esta columna adherimos a las ideas vertidas en la nota, agregando que el postulado sandinista (o ex sandinista, o lo que sea) constituirá seguramente un doloroso paso hacia atrás para ese pueblo, y una nueva causa de estancamiento y conmiseración para la sociedad nicaragüense.

Esta democracia necesita despegarse de su fatídica historia; producir nuevos dirigentes y apostar por ideas creativas y viables para sacar al país de la pobreza. Acercarse a sus vecinos y reestablecer, poco o poco, la confianza en las instituciones. Pero para ello deberá, una y otra vez, sancionar a quienes contribuyeron a esa desidia y premiar a quienes piensan en un futuro de trabajo y responsabilidad. Éste es el verdadero dilema.

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Las elecciones serán el mes que viene. Los principales partidos son:

1) Partido Liberal Constitucionalista (PLC)
2) Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)
3) Alianza Liberal Nicaraguense (ALN)
4) Movimiento Renovador Sandinista (MRS)
5) Alternativa por el Cambio (AC)

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