Pasa que mientras su población se muere de hambre, Kim Jong-II embarca a su régimen en un proyecto que tiene como finalidad extorsionar a Occidente (o más precisamente, a los EEUU).
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Lunes, 26 de octubre 2026

Pasa que mientras su población se muere de hambre, Kim Jong-II embarca a su régimen en un proyecto que tiene como finalidad extorsionar a Occidente (o más precisamente, a los EEUU).
Editorial
Las gestiones de las principales potencias mundiales para sancionar el uso militar de la fuerza nuclear por parte de Corea del Norte, es sólo un síntoma de lo que con atrocidad viene sucediendo en ese malogrado país (y más malogrado pueblo). A la tremenda opresión política sostenida por un maoísmo enfermizo y censurador, se agrega ahora la provocación del uso de la energía nuclear con destino militar. Las cadenas ideológicas y morales que sufre ese desdichado pueblo contrastan con la prepotencia de un Estado que utiliza sus magrísimos recursos no para mitigar el hambre de su gente, sino para construir poderosas máquinas que servirán para extorsionar a Occidente. Esto es, a decirlo de una vez, lo que sucede en Corea del Norte.
El Consejo de Seguridad de la ONU emitirá un comunicado en el que sancionará, vaya a saber con qué medidas, este despropósito del la dictadura norcoreana. Y como es de prever, esto no ejercerá el menor impacto ni en las relaciones internacionales ni en el específico caso que intenta corregir.
Una vez más, es más probable que sean las gestionas de los EEUU con sus aliados asiáticos las que mayor capacidad de contención produzcan y las que, en definitiva, encuentren mayor asidero en el campo internacional. La prédica anti-norteamericana (tan justamente explicada por Juan Francois Revel) hará lo suyo para condenar el intento de “injerencia” de ese país en los asuntos de otros. Pero ninguno de estos actores tendrá la voluntad ni decisión para censurar estrategias nucleares como las que Pyongyang desarrolla. Luego, el mundo espera lo de siempre: que el único que actúe sea EEUU, pero que además sea el único que recibe el escarnio de un núcleo de poderes poco animados a resolver los problemas de fondo.
La trampa de Irán
Un ejemplo basta de muestra: la UE viene hace mucho tiempo intentando frenar los planes nucleares de Irán. Una y otra vez emplaza a este país a que abandone el enriquecimiento de material nuclear. Y éste, una y otra vez, le responde que ese enriquecimiento tiene fines pacíficos, aunque Ahmadinejad haya declarado que su principal vocación es barrer al pueblo judío de la faz de la tierra.
La tiranía atroz y descarnada de Kim Jong-II, es una muestra de lo desvergonzado que puede resultar un régimen de opresión, y de lo más desvergonzado que puede resultar el concierto de naciones en no sancionar esta brutalidad. La debilidad de la omisión es tan o más aberrante que la de la acción. Sobre todo cuando la primera reacción es cargar culpas contra quien, con lo mucho que puede hacer, intenta remediar estas desvergüenzas internacionales.
Cabrá esperar ahora el resultado de las negociaciones en marcha y, una vez más, la capacidad de convencimiento de los EEUU con países como China, Rusia, y aún con los más perceptivos Japón y Corea del Sur, cuyas determinaciones serán fundamentales para saber qué camino tomará esta degradante (y altamente costosa para su pueblo) maniobra del régimen norcoreano.
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Diario Exterior publica hoy la actualidad de las negociaciones para frenar el programa nuclear de este país.
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