“…A diferencia de Zapatero, donde pisa Obama no crece la duda. El presidente norteamericano no se pasea en balde…”
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Miércoles, 04 de noviembre 2026
“…A diferencia de Zapatero, donde pisa Obama no crece la duda. El presidente norteamericano no se pasea en balde…”
Es fácil adivinar que el viernes 2 de octubre nos vamos a llevar una sorpresa. Positiva, si somos los elegidos, o decepcionante si nos dan calabazas. Descartando a los olimpicoescépticos, que también los hay y tienen sus razones para serlo, y los paletos nacionalistas que se borran de cualquier objetivo nacional, el sentimiento mayoritario es el de anhelar la nominación. Porque nos gusta ganar, porque tenemos la convicción de merecerlo, porque intuimos el provecho y porque el Ayuntamiento de Madrid ha hecho bien los deberes y ha elaborado un proyecto macizo. Aunque sea sólo porque ninguna otra cosa nos ha unido a los españoles en los últimos tiempos como este empeño olímpico, y no estamos sobrados precisamente de afanes colectivos, ni grandes consensos.
Sabemos que la elección no es puramente objetiva, mecánica o inanimada. Depende de muchos factores, incluido el que señala Juan Antonio Samaranch como nuestro primer escollo: “la alternancia o rotación de continentes” (esto es, que no le toca dos veces seguidas a Europa). Pero no hemos mandado a nuestra brillante delegación a Dinamarca para luchar contra los elementos, sino a ganar limpiamente, y así va a ser. ¡Cariocas, nipones y yanquis, dejar paso a Madrid!
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