El factor racial ha entrado en escena en la carrera por la Presidencia de los Estados Unidos. Mientras, el candidato republicano, John McCain, acusa a su rival demócrata de jugar la carta racial, algunos miembros de la comunidad negra reprochan a Barack Obama de no ser lo suficientemente negro
Campaña en Estados Unidos
Último mitin del candidato demócrata a la Casa Blanca. Sobre una pancarta, una pregunta, “Obama, ¿qué pasa con la comunidad negra?” Las imágenes del abucheo son difundidas en directo por la televisión en Estados Unidos.
Barack Obama llama a la calma y les dice a los agitadores que responderá a sus preguntas al final del mítin. “¿Por qué no ha sido capaz de hablar una sola vez en nombre de y en favor de los intereses de la oprimida y explotada comunidad negra?, preguntaba uno de los asistentes.
Enseguida Obama retomaba la iniciativa con una respuesta conciliadora. “La única forma de resolver los problemas de este país es unirnos todos: negros, blancos, asiáticos, viejos jóvenes, minusválidos, homosexuales, heterosexuales”, afirmaba el candidato demócrata.
Este incidente coincide con el endurecimiento de la campaña. Su rival republicano, John McCain ha desplegado la artillería pesada con un anuncio televisivo en el que acusa a Obama de utilizar los temas raciales y de ser una celebridad muy elocuente pero sin fuerza para cambiar Washington de verdad.
“Bush y McCain quieren que tengáis miedo de mí, ya sabéis. Obama no es bastante patriótico, tiene un nombre raro, no se parece a los demás presidentes que figuran en los billetes de banco”, aseguraba Barack Obama.
La carrera por la Casa Blanca se acelera. Ha entrado en su fase más agresiva. El fulgor de la estrella Obama sigue encabezando las encuestas pero con tan poca diferencia que técnicamente es un empate.
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