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Día libre a la vergüenza

Los ciudadanos están muy irritados, hartos de prohibiciones y penurias, soberanamente enojados y susceptibles.

Que se han desatado los excesos verbales por todas partes y con cualquier motivo es, entre otras cosas y circunstancias, consecuencia directa de la crisis económica. La aspereza ambiental, la destemplanza colectiva, son apreciables en los debates y también en la calle. Lo demuestra por ejemplo la última sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.
 
Hasta un ministro habitualmente apocado y discreto como es el titular de Justicia, Francisco Caamaño, se torna un fiero lenguaraz y altanero contestando al diputado del PP Rafael Hernando. “O está mal informado o le ha dado el día libre a la vergüenza” le suelta el ministro al diputado a las primeras de cambio. Para decirlo todo, el ministro tampoco se fue de rositas. No en vano la Justicia en España goza de los perores índices de popularidad y aprecio que se puedan dar.
 
Lo cierto es que hay un clima político y social enrarecido. Los ciudadanos están muy irritados, hartos de prohibiciones y penurias, soberanamente enojados y susceptibles. No ayuda nada a dulcificar la inclemencia el duelo político primario y destemplado que estamos viviendo. Todos los partidos señalan al contrario como el pirómano que prende la mecha de los resoplidos y las descalificaciones. Todos se atribuyen la responsabilidad, la mesura y el rigor en las ofertas, la altura de miras ante la gravedad de la crisis. A cada insulto una propuesta, se les oye decir. Tararí, que te vi.

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