Nuestras metas exteriores son tan abreviadas que el solo hecho de saludarse es noticia y se interpreta como un signo positivo de normalidad diplomática.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Jueves, 29 de octubre 2026

Nuestras metas exteriores son tan abreviadas que el solo hecho de saludarse es noticia y se interpreta como un signo positivo de normalidad diplomática.
Santi Lucas
Desde que la Grecia clásica cimentara el arte de las relaciones diplomáticas, pasando por la Convención de Viena en 1961 que fijó las normas consuetudinarias que las regulan y hasta hoy, no se había conocido una etapa de la política exterior más escuálida, lacónica y fugaz que la que protagoniza el gobierno español a partir del año 2004. Los principales pasajes, hitos diplomáticos de este tiempo, son el efusivo “¿Qué tal George?” de Zapatero a Bush, contestado por este con un “muy bien ¿y tú?” de Junio de 2004 en una cumbre de la OTAN celebrada en Estambul, hasta el “Hola como está” de Bush a Zapatero, que esté devolvió con el consabido y esforzado recurso de “muy bien” en septiembre de 2007 durante una cena de trabajo en la ONU. Obsérvese que el prontuario del trato es tan sutil que nos fuerza a analizar con lupa el texto para concluir que entre ambas citas históricas se ha abandonado el tuteo inicial de Bush a Zapatero, acentuando la crisis de los viejos y mutuos lazos de cortesía y respeto que labró antes Aznar.
Todas nuestras relaciones internacionales han estado marcadas por una similar economía y parquedad dialécticas. Para el inglés Harol Nicholson la diplomacia debe tener la cualidad de la precisión, pero estoy seguro que nunca pensó en semejante síntesis para corresponderse entre las naciones del mundo. Nuestras metas exteriores son tan abreviadas que el solo hecho de saludarse es noticia y se interpreta como un signo positivo de normalidad diplomática. La precariedad ha creado escuela y nadie se sale del sucinto guión. El encuentro del Príncipe de Asturias y Hugo Chávez en Buenos Aires el pasado lunes se ha desvelado sin margen para la sorpresa: “¿Qué tal estás?”, dijo Chávez al Príncipe. No ha trascendido sin embargo la respuesta, pero me atrevo a aventurar que con el libreto de nuestra cancillería en mano seguro que fue un “muy bien”, la clave está en saber si apostilló con un “¿y tú?” o con un “¿y usted”? Es todo a lo que aspiramos.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A