Los gurús de la nueva economía estaban convencidos de que las empresas de telefonía móvil estaban más allá de la crisis: venderán teléfonos en las economías emergentes, decían. Ayer la reducción de beneficios de SonyEricsson ha arrastrado a Ericsson a una caída del 10 por ciento en Bolsa, mientras que Nokia bajaba más de un 4 por ciento
La crisis llegó al mundo digital
Las “telecos” sufren la ley de la gravedad como cualquier vieja empresa de manufacturas. Si el mercado se contrae, los precios suben más de un 3 por ciento y los consumidores pierden poder adquisitivo o tienen miedo de quedarse si trabajo, entonces las compañías de telefonía móvil dejan de vender sus aparatos de gama alta.
Pero vuelve la peor cara de la burbuja de las puntocom: los planes de negocio descabellados. Si los márgenes de Ericsson han disminuido con fuerza durante el primer trimestre debido, entre otras cosas a la inflación, no deberían pensar que en el segundo trimestre van a vender más teléfonos de gama alta.
Según Ericsson, vendieron de enero a marzo 22,3 millones de móviles, a un precio medio de 121 euros y creen que abril a junio podrían vender dos millones más teléfonos pero a un precio de 115 euros.
Ni el petróleo ni los alimentos bajarán a corto plazo. Se espera una inflación en Europa superior al 3 por ciento durante el primer semestre. El petróleo, según la OPEP, podría alcanzar los 150 dólares antes de Navidades. Si la inflación ha sido el principal problema de Ericsson, seguirá siéndolo en un futuro próximo.
Cuando los consumidores no tienen dinero pero necesitan hablar por el móvil buscan algún sustituto más barato. Es lo que parece haberle ocurrido a Nokia. Credit Suisse han recortado su recomendación sobre la firma finlandesa porque no creen que pueda mantener su cuota de mercado. Ayer sus acciones bajaron un 4,4 por ciento.
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