Un informe interno del Banco Mundial, revelado por el diario británico The Guardian, afirma que el aumento de los biocombustibles ha generado la mayor parte de la crisis alimentaria. 100 millones de personas habrían pagado el último experimento ecologista para frenar el cambio climático.
Informe del Banco Mundial
Aunque la comunidad científica todavía no se ha puesto de acuerdo sobre si son realmente los gases producidos por el hombre los que elevan la temperatura de la tierra, el consenso entre los gobiernos de todo el mundo fue rotundo hace algunos años: había que subvencionar los combustibles alternativos al petróleo para reducir las consecuencias de una polución que terminaría con los casquetes polares y elevaría el nivel de las aguas.
Entonces el trigo y el maíz se convirtieron en las alternativas al oro negro. De ellos podía extraerse el etanol que, a pesar de ser más caro de producir, tendría muchas ventajas de cara al Medio Ambiente y a la menor dependencia de países como Arabia Saudí, Venezuela o Irán.
El economista del Banco Mundial, Don Mitchell, demuestra en su informe que “sin el auge de los biocombustibles, las reservas mundiales de trigo y maíz no habrían decrecido de forma considerable y los incrementos debidos a otros factores habrían sido moderados”. O, en otras palabras, que la transformación de los granos en energía es el origen principal de la crisis alimentaria.
Los datos de Estados Unidos confirman el análisis de Mitchell. Un tercio de su maíz se destina a la producción de etanol y la mitad de su producción de aceites vegetales se emplea ya en la fabricación de biocombustibles.
Los ecologistas vuelven a la carga
Los ecologistas, que fueron los principales defensores de los biocombustibles, ahora afirman estar convencidos de que el problema de la crisis alimentaria es el cambio climático. Las pruebas se encontrarían en la sequía australiana o en las inundaciones que han asolado el corazón agrícola de Estados Unidos.
Según el Banco Mundial, la subida de los alimentos le debe menos de un 15 por ciento de su intensidad a lo acontecido en países como Australia, mientras que el 75 por ciento de su origen ha venido determinado por la apuesta por los combustibles vegetales.
El precio de la comida se ha incrementado en un 140 por ciento durante los últimos seis años 19 países han sufrido disturbios por el desabastecimiento de los mercados, el Gobierno filipino ha tenido que subsidiar el consumo de arroz de los más pobres de su país y grandes productores agrícolas, como Brasil o Argentina, han impuesto fuerte trabas a la exportación para conservar los alimentos dentro de sus mercados y asegurar el suministro de sus ciudadanos.
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