Brasil, India y China han rechazado las decisiones de las ocho potencias más importantes del mundo. No reducirán sus gases contaminantes si eso pone en peligro el nivel de vida de su población. Están convencidos de que la crisis de los alimentos está relacionada con los subsidios agrícolas.
En la cumbre de Japón
Brasil, India y China no pueden reducir sus gases contaminantes porque, en palabras del presidente chino, Hu Jintao, sus países están “en un proceso de industrialización y modernización”. La producción de la mayor parte de los miembros del G-8 no depende del sector industrial sino del sector servicios, que es lo contrario de lo que ocurre con las tres grandes potencias emergentes, que basan buena parte de su nivel de vida en la industria química básica, los textiles o el tratamiento de metales pesados.
“Los países desarrollados les piden a los emergentes que reduzcan su nivel de vida para salvar el planeta, y Brasil, China e India les responden, lógicamente, que sus niveles de pobreza son lo primero de lo que se tienen que ocupar”, afirma un experto consultado por Diario Exterior.
Los miembros del G-8 han pedido al Grupo de los Cinco (Brasil, México, Sudáfrica, India y China) que recorten a la mitad la emisión de gases contaminantes a cambio tecnología y fondos. Pero a las economías emergentes no les han salido los cálculos: las ayudas distribuyen la renta a largo plazo mucho peor que la producción y la estabilidad de los gobiernos depende en buena medida de que la gente reciba los frutos de un fuerte crecimiento económico.
Otro de los sectores de los que viven los países emergentes es el de los productos agrícolas. La subida de los alimentos ha perjudicado a China porque es un país que posee poca superficie arable y tiene el 20 por ciento de la población mundial. Los demás han sufrido la crisis alimentaria no sólo por los problemas de abastecimiento de los más pobres sino también porque sus agricultores han dejado de ingresar mucho dinero por los subsidios agrícolas de las potencias desarrolladas.
“Los subsidios protegen la agricultura poco productiva de las regiones desarrolladas penalizando a los que realmente la necesitan para subsistir. Por otro lado la crisis de los alimentos no habría sido tan brusca si los muros y las fronteras no fueran tan altos”, afirma un economista consultado por Diario Exterior.
El Grupo de los Cinco apuesta por abrir los mercados agrícolas para que aumente la productividad y la gente pueda acceder a unos alimentos más baratos. La división de la ONU para cuestiones alimentarias, la FAO, llegó a la misma conclusión hace dos meses.
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