Libertad y violencia son, por definición, opuestos. Ergo, la libertad es una condición necesaria y suficiente para la paz, permítanme insistir, necesaria y suficiente. Precisamente, la razón filosófica, metafísica, última -que nadie aborda- por la cual la falta de libertad es negativa se debe a que es efectivizada por la coacción, la violencia (del monopolio que pretende ejercer el Estado) y ésta es siempre destructiva. O sea, la falta de libertad implica violencia y esta destruye. Destruye porque supone la desviación del desarrollo espontáneo del orden natural.
No existe sociedad con mayor vocación por la paz que la de un mercado libre donde todas las acciones son, necesariamente, el resultado del acuerdo y cooperación voluntarias para el mejoramiento de todas las partes involucradas. Por caso, el vendedor de frutas acuerda con el comprador entregar una cantidad de mercadería, que el comprador necesita para alimentarse, a cambio de dinero que el vendedor precisa para sostener y, eventualmente, mejorar su negocio. Si no hay acuerdo por el precio, la acción no se realiza.
Y la violencia es la corrupción del orden natural, de su desarrollo espontáneo. En la práctica, por muchas leyes que se esgriman, lo cierto es que, al contrario del mercado donde, como vimos, todas las acciones son el resultado de acuerdos libres y voluntarios, la violencia queda determinada solo por la persona que la ejerce, precisamente, contra la voluntad del agredido.
Es decir, la violencia es necesariamente arbitraria y esta arbitrariedad es susceptible de corromperse. Y, sin dudas, como “todo hombre tiene precio”, no es creíble que pueda existir una persona incorruptible frente a una tentación lo suficientemente importante o, eventualmente, ante una extorsión lo suficientemente fuerte.
Así, los países con menos libertad, con más presión fiscal, con más coacción -más uso de la violencia estatal- sobre el ciudadano, serán los más corruptos y los más pobres dada la destrucción de la naturaleza del cosmos, su desarrollo espontáneo.
Un modo curioso, indirecto, de medir la presión fiscal es a través del uso del dinero efectivo. Claramente, en un mundo donde la tecnología se desarrolla y populariza tan rápidamente, el uso de efectivo resulta anticuado por lo incómodo e inseguro. Así, obviamente, el motivo por el que todavía se utiliza es, precisamente, evadir al Estado y su presión fiscal, dado que, visto el control que los gobiernos ejercen sobre el oligopolio financiero en cada país (no así sobre las “monedas digitales” como el bitcoin) el uso electrónico del dinero es fácilmente detectable por la oficina recaudadora de impuestos.
En algunos lugares la utilización de efectivo se debe a que no llega la tecnología dada la extrema pobreza, pero, precisamente, este es un círculo vicioso. Es decir, la extrema pobreza provocada por el exceso de presión fiscal obliga al uso de efectivo.
Aunque estas estadísticas que veremos son muy arbitrarias -desde que dependen de criterios y mediciones subjetivas- sin dudas marcan una tendencia. Y vemos que los países en donde más efectivo se utiliza son aquellos donde hay menos libertad económica y mayor corrupción y, obviamente, más pobreza.
Pallavi Rao acaba de publicar un ranking en Visual Capitalist, con información del Índice de Efectivo de Divisas (FOREX Cash Index) que recopila datos de Statista, Numbeo y otros informes globales, además de publicaciones anuales de bancos centrales.
Este ranking, clasifica a los países según el porcentaje de transacciones diarias realizadas con billetes y monedas físicas, ya que, en la actualidad, a pesar del avance tecnológico mundial, todavía hay economías donde el efectivo sigue siendo importante y en otras en donde se está convirtiendo en una reliquia.
En términos generales, explica Rao, el efectivo sigue siendo prácticamente omnipresente en los países más pobres, de bajos ingresos, y su uso comienza a disminuir a medida que se desarrolla la economía.
La lista de los países en dónde más dinero efectivo se utiliza es encabezada por Myanmar, allí el 98% de las transacciones diarias se realizan en efectivo. Cuba está en el puesto 12, México en el 19, Argentina en el 24 con un total de 70% de transacciones diarias en efectivo, Chile en el 44, la República Dominicana en el 45 con 69% de transacciones en efectivo, España en el puesto 53 con 57% de utilización de efectivo, Uruguay en el puesto 97 con 30% de transacciones en efectivo, EE.UU. en el puesto 110 con 16% de utilización de efectivo y, últimos, en el puesto 121 y 122, respectivamente, Noruega y Corea del Sur ambos con 10% de transacciones diarias en efectivo.
Si ahora vamos al Índice de Libertad Económica del 2025 con datos del 2024, de la Heritage Foundation, vemos que los países más libres son, precisamente, aquellos dónde menos efectivo se utiliza.
Así, Noruega está en el puesto 9, Corea del Sur en el 17 (mayormente libre), Chile en el 18, EE.UU. en el 26, Uruguay en el 29 (mayormente libre), España en el 53 (moderadamente libre), la República Dominicana en el 65 (moderadamente libre), México en el 80, Argentina en el 124 (mayormente no libre), Cuba en el 175 (reprimida) y Myanmar no figura.
Si seguimos con el Índice de Percepción de la Corrupción de 2024 (con datos del 2023) de Transparency International, en donde 100 es muy limpio y 0 es muy corrupto, vemos que, precisamente, en líneas generales coinciden los más libres con los que menos efectivo utilizan y donde la percepción de corrupción es menor.
Así, Noruega está en el puesto 5 con 81 puntos, Uruguay en el puesto 13 con 76 puntos, EE.UU. en el 28 con 65 puntos, Corea del Sur en el 30 con 64 puntos, Chile en el 32 con 63 puntos, España en el 46 con 56 puntos y bajando (4 puntos desde la medición anterior), Cuba en el puesto 41 con 81 puntos, Argentina en el 99 con 37 puntos, la República Dominicana en el puesto 104 con 36 puntos, México en el 140 con 26 puntos y Myanmar en el puesto 168 con 16 puntos.
En fin, resumiendo, como dijimos estos índices, aunque están lejos de ser exactos, claramente son indicativos de una tendencia y en ellos se ve que los países más pobres son aquellos dónde la falta de libertad, la represión estatal (el estatismo) es más fuerte y, entonces, donde más se intenta eludir a los controles estatales usando dinero efectivo y donde más corrupción existe.
Por Alejandro A. Tagliavini*
*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

















