El gobierno de Afganistán ha acusado públicamente al servicio de inteligencia paquistaní de organizar el complot para matar al presidente afgano, Hamid Karzai, en un desfile en Kabul en abril. Las relaciones entre ambos países siguen deteriorándose y Karzai ya ha avisado de que perseguirá a los talibanes en suelo pakistaní
Crisis en Oriente Próximo
El Jefe del Gobierno afgano, Hamid Karzai, salió indemne el pasado 27 de abril de un atentado llevado a cabo por supuestos talibanes ocurrido en un desfile militar en Kabul, en el que murieron tres personas.
Dos meses después, en una conferencia llevada a cabo en Kabul, Sayeed Ansari, el portavoz del servicio de inteligencia afgano, ha declarado que las autoridades paquistaníes “están directamente involucradas en el intento de asesinato de Karzai“.
Según Ansari las pruebas aparecen en documentos obtenidos a partir de la investigación, entre los que destacan 16 confesiones de distintos detenidos después del atentado, los cuales dieron datos y nombres específicos de autoridades paquistaníes.
El jefe de la inteligencia afgana, Amrullah Saleh, dijo el mes pasado que sospechosos del ataque a Karzai habían intercambiado mensajes de texto con personas de las zonas tribales del oeste de Pakistán, que son de la misma etnia que los talibanes.
El silencio de Pakistán
De momento no ha habido ninguna reacción por parte del Gobierno de Pakistán a las acusaciones recibidas. El portavoz del servicio de inteligencia paquistaní y el ministro de Asuntos Exteriores no han querido hacer ningún comentario. Las acusaciones son de tal magnitud que la expectación sobre la respuesta de Pakistán es máxima.
Hamid Karzai ha intensificado en las últimas semanas sus críticas contra Pakistán, después de años de sospechas afganas de que los paquistaníes ayudaban secretamente a la insurgencia islamista.
Karzai llegó incluso este mes a amenazar con enviar tropas a Pakistán para eliminar a líderes talibanes en el país vecino. Los movimientos de las tropas afganas y de la OTAN se intensificaron más, si cabe, después del ataque a la prisión de Kandahar, que liberó a más de 1.000 presos, muchos de ellos talibanes.
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