Con la firma de los 27 ha comenzado en Portugal la andadura del llamado Tratado de Lisboa, un texto que hasta en el nombre recorta las aspiraciones optimistas de la malograda Constitución Europea
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Domingo, 06 de septiembre 2026

Con la firma de los 27 ha comenzado en Portugal la andadura del llamado Tratado de Lisboa, un texto que hasta en el nombre recorta las aspiraciones optimistas de la malograda Constitución Europea
POLÍTICA EUROPA
Este nuevo documento simplificado substituye al proyecto de Constitución que Holanda y Francia rechazaron en 2005 en sus respectivas consultas populares. Ha sido presentado como la única forma de que la Europa unida pueda funcionar. Irlanda será el único país que votará en referendo el texto.
El acuerdo definitivo lo alcanzaron los 27 jefes de Estado y de Gobierno el pasado mes de junio en Bruselas. La ceremonia oficial, en la que participarán todos los países miembros, tuvo lugar en el claustro del monasterio de los Jerónimos en Lisboa.
El Consejo de Ministros autorizó el pasado viernes la firma del nuevo Tratado con el que la UE se dota de una presidencia estable, el Parlamento obtiene más poderes y se limitan las posibilidades de vetos nacionales.
El Tratado tendrá que ser ratificado también por todos los socios de la UE antes de entrar en vigor en 2009, pero en esta ocasión todo indica que sólo Irlanda, que debe hacerlo por ley, lo someterá a la prueba de un referéndum.
Con este texto, los socios comunitarios buscan agilizar y hacer más eficaz el funcionamiento de sus instituciones adaptándolas a las nuevas dimensiones tras la llegada de doce nuevos miembros. Para ello se incorporará, a partir de 2014, un nuevo sistema de votación, en el que los países más poblados -como Alemania- ganan peso.
Incluye además la eliminación del derecho de veto en 40 áreas, entre ellas las políticas de inmigración y cooperación policial y judicial. Pretenden también dotar a la UE de una mayor cohesión y personalidad propia a la hora de actuar en la escena internacional, incorporando la figura de un presidente permanente y de una especie de ministro de Asuntos Exteriores, que formalmente seguirá llamándose alto representante, cargo que en la actualidad ejerce Javier Solana.
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