América, Política

Brasil: la economía versus la política

Lo que está a prueba en el equipo económico no es sólo su capacidad para tomar decisiones sino su habilidad política para hacer tres cosas simultáneamente.

El Presidente interino de Brasil, Michel Temer, suscita dos preguntas. La primera es si las investigaciones que lo tocan de cerca tanto a él como a sus ministros y el clima de ira reinante en la izquierda acabarán con su gobierno. La segunda es si, habiéndose comprometido a no ser candidato en 2018 y encontrándose en situación de precariedad política, acometerá las reformas básicas para dar el beso de la vida a la moribunda economía sabiendo que no tiene mucho que perder y puede darse el lujo de pasar a la historia como el tipo que rescató el barco.

En cierta forma, la respuesta a la primera pregunta depende de la respuesta a la segunda. Si el equipo económico de lujo que ha nombrado –Henrique Meirelles en Hacienda; Ilan Goldfajn en el Banco Central; Marcelo Caetano en el asunto de las pensiones y Mansueto Almeida en la parte fiscal- logra disminuir el déficit presupuestario, devolver racionalidad al quebrado sistema jubilatorio y reanimar a los inversionistas, la credibilidad de Temer se disparará. Suponiendo que Dilma Rousseff no sea capaz de volver al poder -por el momento, lo más probable-,  esto le daría el espacio para finalizar el resto del mandato.

Pero lo que media entre hoy y ese momento es la gran incógnita de si la coalición política que Temer ha armado se sostendrá. Por obra de esa coalición ha tenido que meter al gabinete a personas investigadas, calculando que lo prioritario es hacer aprobar las medidas básicas para obtener resultados. Pero si ellas -especialmente la relacionada con las pensiones, que incluirá un cambio en la edad del retiro-  provocan un maremoto social, nada descartable en un país tan populista, no sería raro que muchos parlamentarios de otros partidos le dieran la espalda.

Temer tendría entonces las mismas dificultades que tuvo Dilma cuando intentó, en los últimos tiempos, aplicar medidas correctivas que fueron rechazadas total o parcialmente.

Los tiempos de la economía son urgentes. Pero en el Brasil de hoy, los de la política y la calle lo son más.  De la capacidad que tenga Temer para igualar los tiempos o acelerar los de la economía en relación con la política, dependerá el que pueda tener con algo que mostrar y neutralizar los esfuerzos de la coalición social y política del PT de Lula y Dilma por acabar con él.

Para prevenir la arremetida del “lulapetismo”, el gobierno de Temer ha anunciado que no recortará la asistencia social, especialmente el programa estrella, “Bolsa Familia”. Pero tendrá que recortar gastos y es posible que tenga que aumentar impuestos si quiere empezar a cerrar la brecha y convencer al capital. Eso mismo es lo que la oposición política y callejera está esperando para cobrarle a Michel Temer la revancha por la destitución temporal de Dilma.

Lo que está a prueba, pues, en el equipo económico no es sólo su capacidad para tomar decisiones sino su habilidad política para hacer tres cosas simultáneamente: evitar protestas demasiado masivas y sostenidas; preservar la coalición parlamentaria y ser lo suficientemente audaces como para que las medidas y reformas tengan credibilidad. Sabemos que son capaces de lo tercero, pero no sabemos aún si son capaces de lo primero y lo segundo, ni si son capaces, en caso de ser así, de hacer las tres cosas juntas.

Mientras tanto, los tribunales siguen actuando. Ya condenaron a José Dirceu, figura emblemática del “lulapetismo”. Temer reza para que Temis y Dice, diosas de la justicia, sigan manteniendo ocupados a sus adversarios y no se ocupen demasiado de él y su gente.

© Voces. La Tercera

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